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el interior de las cosas / OPINIÓN

La vida y la muerte de las mujeres

11/04/2022 - 

 La tarde del pasado martes participé en la inauguración de la Escuela de Igualdad, organizada por el Ayuntamiento de la Vall d’Uixò (otro día analizaré estas iniciativas imprescindibles para atajar desigualdades y erradicar la violencia machista). Le di un título a esta charla: El feminismo en tiempos difíciles, pero la semana pasada fue escalofriante. Ese día era asesinada otra mujer, en Cuenca, y lo más horroroso, unos días antes, un monstruo de padre arrebató la vida a su hijo, Jordi, de 11 años. En ambos casos había varias órdenes de alejamiento sobre sus ex parejas que debían cumplir estos asesinos.

El sábado, la Policía Nacional inició una investigación por otro caso de violencia de género en Don Benito, Badajoz. Una joven de 22 años sufrió heridas de arma blanca por su pareja de 27 años que acabó autolesionándose. La Policía de Las Palmas de Gran Canaria detuvieron la noche del viernes a un hombre por violencia de género, tras golpear violentamente a su pareja en una discoteca.

Asimismo, la Delegación de Gobierno contra la Violencia de Género confirmaba el jueves como crimen machista el asesinato de una mujer de 42 años el pasado lunes en Almonacid de Toledo, atropellada mortalmente por su pareja. Y, también la pasada semana, la joven Erika, de 14 años, fue brutalmente asesinada por un vecino en su propio edificio. Está identificado, se trata de un salvaje acosador de mujeres, Igor Postolach, denunciado en varias ocasiones por intimidar a jóvenes.

Son algunos ejemplos -hay más- de una semana, solo siete días. En este país aún no hemos reaccionado de manera contundente frente a este terrorismo. Y ya no sirven los minutos de silencio o las grandes manifestaciones del 8M y del 25N. En esta sociedad tenemos un gravísimo problema sin resolver. Desde que comenzara este año, 25 mujeres han sido víctimas de asesinatos y feminicidios, según los datos de la red feminicidio.net. La escalada del terrorismo machista ha sido brutal durante la pasada semana. 

En varios de estos casos, las víctimas mortales habían conseguido separarse  legalmente de sus maltratadores y contaban con órdenes de alejamiento. En cuanto al pequeño Jordi, un fallo judicial permitió que el asesino mantuviera el régimen de visitas, por lo visto nadie pensó que tenía una orden de alejamiento de la madre por malos tratos, por agresiones físicas y psicológicas. La falta de coordinación entre juzgados no puede tolerarse. El sistema está fallando. Las Instituciones públicas competentes en Justicia deberían, de una vez por todas, priorizar necesidades y aportar los recursos necesarios para subsanar la grave situación que sufren los juzgados, y que es denunciada constantemente por el sector.

Son inadmisibles los asesinatos que se producen tras el decreto de órdenes de alejamiento o régimen de visitas para los padres maltratadores. Una negligencia médica es denunciable ¿pero lo es una negligencia del sistema judicial?. Hay demasiados fallos que cuestan vidas, las de las mujeres y las de sus hijas e hijos. Habría que exigir con contundencia y urgencia la coordinación de todas las administraciones públicas y el destino de todos los recursos necesarios para atajar este terrorismo machista. Deberían saltar todas las alarmas.

Otra situación dolorosa que se ha conocido recientemente, ha sido la vivida por una mujer valenciana que ha sufrido 45 años de violencia de género, encerrada en su casa con su enemigo, con hijos que no se atrevieron a denunciar. Hace unos días esta mujer, con sus mas de 80 años, ha denunciado a su maltratador y nos demuestra que, a pesar de los avances, esta sociedad todavía no ha aprendido a rechazar y denunciar la violencia de puertas para adentro, con esos prejuicios de toda la vida, que se trata de una historia entre dos, y no debemos meternos en un matrimonio. Es delirante que en pleno siglo XX esta mujer sufriera en silencio 45 años de malos tratos físicos y psicológicos hasta el extremo de dormir con la puerta de su habitación atrancada con muebles.

Es triste decirlo, pero está fallando también la sociedad por sus silencios y falta de empatía. Está claro que hemos avanzado, pero hay unas elevadas cifras de mujeres asesinadas que no habían presentado denuncias o, lo peor, las habían retirado. Y en el caso de esta mujer valenciana que no había denunciado antes a su maltratador tras sufrirlo 45 años, es evidente que su silencio está inmerso en la vergüenza de admitir que una es maltratada, un silencio que la sociedad apoya con total complicidad. Una peligrosa actitud que está siendo impulsada, -recuperando la crueldad de viejos tiempos-, por la derecha y la ultraderecha. No es violencia intrafamiliar, es violencia de género, malos tratos por ser mujeres y querer ser libres y felices. 

Entendamos que no podemos seguir así, esta sociedad debe ser mejor y más decente, como todos sus gobiernos. Porque en los momentos que vivimos, en los que la ultraderecha está marcando a hierro a las mujeres y a los colectivos feministas, no podemos detenernos. Hay que seguir luchando e insistiendo en la igualdad, en la defensa de los derechos de las mujeres, de sus vidas y de su felicidad.

Obra de Nirav Patel.

El Liceu de Dones de Castelló ha emitido, hace dos días, un comunicado que suscribo plenamente. Se titula Intolerable Violencia Vicaria. Exigimos la máxima Prevención. Quiero compartir con ustedes este comunicado:

"La brutal muerte de Jordi, con tan solo 11 años, en manos de su padre en Sueca, nos ha conmocionado. Más al saber que sobre el agresor pesaba una orden de alejamiento por violencia machista. Hoy nos preguntamos alarmadas: ¿cómo se concedió régimen de visitas a pesar de ello?

El niño fue a comer con su progenitor, para celebrar su cumpleaños, días antes Jordi había cumplido 11 años, unas pocas horas fueron suficientes para acabar con su vida, clavándole un cuchillo de los de cocina. Y eso con el terrible propósito de causar el máximo dolor a la madre, de quien estaba separado desde el verano. 

En septiembre la pareja firmó el divorcio y se les otorgó la custodia compartida, de forma automática, sin que el sistema judicial tuviera en cuenta que ya existía una orden de alejamiento por violencia de género. Al denunciar esa violencia, el riesgo de asesinato se incrementa exponencialmente sobre madres, hijos e hijas.  

Hay que encontrar fórmulas y aplicar las medidas necesarias para protegerles e impedir el fatal desenlace. No podemos tolerar ni un asesinato más. 

Es necesario prevenir y evitar más muertes inocentes. La denuncia no puede constituir la única puerta de entrada a la protección efectiva de las víctimas; y la judicatura debe tener en cuenta esta exigencia de los colectivos feministas y aplicar firmemente la nueva normativa, así como revisar todos los casos, puesto que, desde septiembre de 2021, con la reforma el artículo 94 del Código Civil, se suspende el régimen de visitas a los maltratadores. No se puede justificar en base a una falta de coordinación entre juzgados y poner fin de forma tan cruel a la vida de este adolescente.

Toda condena de violencia de género debe ser comunicada oficialmente a los juzgados de familia, con carácter cautelar y exigir que crucen los datos para evitar más asesinatos. La protección de las víctimas se debería basar en un análisis exhaustivo del riesgo real de cada caso; no sólo teniendo en cuanta la situación de las víctimas, sino también la de sus agresores. 

No es la primera vez que ocurre. En la Comunidad Valenciana 7 menores han sido asesinados por sus padres, desde 2013. No queremos que esto vuelva a suceder y exigimos que se tomen las medidas necesarias para evitarlo, sin tener que escuchar ni una sola vez más que ha fallado la coordinación, o que el riesgo era bajo, como estamos acostumbradas a oírlo cuando un padre mata a sus criaturas para infringir el máximo sufrimiento a la madre ¡Intolerable! ".

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