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26 de junio

Vuelve Quiosco, el encuentro para amantes del papel “con hambre de celulosa”

Tras un parón obligado por la pandemia, regresa a València el club de fans de las publicaciones impresas, la tinta y las hemerotecas

21/06/2021 - 

VALÈNCIA. ¿Nota usted un hormigueo en el estómago cada vez que toca una revista? ¿Si pasa varios días alejado de publicaciones impresas comienza a sentir náuseas y mareo? ¿Rodearse de ejemplares de periódico supone para usted un abono al festival de la serotonina? No se preocupe (o sí, preocúpese, allá usted), tenemos claro el diagnóstico: es usted un adicto al papel. Se trata de una filia muy extendida entre ciertos sectores de la población que encuentran en la tinta y la celulosa un placer indescriptible.

Y está usted de suerte, pues, tras un parón forzoso por la pandemia, vuelve Quiosco, el encuentro para seguidores fervorosos de las hemerotecas. Se trata de un club casi clandestino, pero en Culturplaza nos hemos puesto a cultivar el periodismo de investigación para desvelarle a usted y solo a usted las entrañas del proyecto.

En la primera sesión de esta logia de las cuartillas, celebrada en ese lejano mundo de febrero de 2020, se estrenaron con Ferida, cabecera especializada en la pilota y sus periferias. La idea era seguir reuniéndose trimestralmente, pero el coronavirus decidió que era un gran momento para ponernos la vida patas arriba. El proyecto quedó en standby y regresa ahora dispuesto a saciar las ansias de papel y tertulia de los parroquianos. A ver para qué quiere uno una filia si no puede desarrollarla a gusto. La segunda entrega, que se celebrará el próximo sábado 26 de junio en la librería Bangarang, tendrá como invitada a Solo, publicación sobre café de especialidad y estilo de vida comandada por Bea Bascuñán y Albert Jornet. Pocas cosas riman mejor que cafeína y papel. Dato para quesito de Trivial: el cartel de esta edición, que se regala a todos los participantes, es de Clara Bayo.

Este cónclave nació como nacen casi todas las cosas que merecen la pena en la vida: por vicio.“Somos compradores compulsivos de papel, teníamos la necesidad de enseñar, de compartir con otra gente las publicaciones que habíamos descubierto. Buscábamos crear un espacio de reunión informal en el que se hable y se generen preguntas, en el que haya un intercambio de ideas”, explica Diego Obiol, periodista y uno de los impulsores del proyecto. ¿Referentes? Nos cita un par: la iniciativa Cañas y Tipos y los clubs de fotolibros.

Para Pablus, diseñador y otro de los responsables de este aquelarre editorial, el germen de Quiosco reside en el deseo de “crear una comunidad y generar un debate sano en el que comprender otros gustos. También está la parte técnica de saber cómo se ha creado cierto producto”. Una cuestión que no considera  baladí: “creo que cada vez se valora más el diseño, no solo desde el punto de vista estético, sino por el valor que aporta al facilitar la lectura y la comprensión de unos contenidos”. Interrogado sobre cabeceras que le hagan tilín, nos cuenta las delicias de Sandwich, “una oda a este humilde manjar universal”.

Y ojo, el papel es algo muy serio y su defensa ante los enemigos que surgen de la espesura no carece de épica. De hecho, los asistentes a estas timbas discursivas deben pronunciar un juramento de lealtad a “San Francisco de Sales y al quiosquero más cercano”. Cuentan también con un manifiesto fundacional al que esta redactora ha logrado acceder tras arduas pesquisas. A continuación, reproducimos un fragmento: “Somos los que apretamos el paso para llegar a la cafetería antes de que el vecino jubilado se apodere del periódico de la barra; los que se quedan obnubilados leyendo viejos titulares de diarios amarillentos y revistas cuarteadas cuando ordenamos nuestras cajoneras (…). Igual no era tan fácil deshacerse de nosotros. Seguimos engrasando nuestras rotativas y entintando nuestros rodillos para continuar con la lucha. Venid a celebrarlo”.

Instrucciones para militar en la cultura del quiosco

Estas quedadas hablan en presente y por ello, lejos de lanzarse a una nostalgia paralizante, militan en una reivindicación múltiple: del diseño, del papel, del periodismo, del ayer, del hoy y, en definitiva, de la cultura de los quioscos, esas junglas entintadas de pelaje cambiante (según los tonos predominantes en las portadas del día o la semana) “que están desapareciendo de muchos barrios, como también lo están haciendo los puntos emblemáticos de venta de prensa extranjera en València. Queremos evitar que la gente solo entre a los quioscos para recoger paquetes de Amazon o cargar el bonobús”, explica Obiol. Aquí, el periodista lanza un canto de añoranza a la librería Dadá, “siempre íbamos allí a conseguir material que se salía de lo mainstream, pero cerró y nos quedamos huérfanos”. Inserten dolorcito en el alma.

Foto: KIKE TABERNER

Total, que mientras sus integrantes defienden el honor de esta o aquella tipografía mancillada, Quiosco se erige también como un enclave en el que dialogar sobre esos otros aspectos menos creativos de la vida impresa, como “la distribución y las rutinas del día a día en una publicación independiente”, resalta Obiol. Respecto al año de hiato que ha vivido la propuesta, reconoce que no se habían visto “con fuerza para volver hasta ahora, que parece que vamos entrando en una cierta normalidad. Por cuestiones de seguridad sanitaria no podremos tocar las publicaciones como hicimos en la primera sesión, pero sí hacer un 'enseña y cuenta' en el que cada uno traiga números impresos que tenga en casa”. Y es que, una vez desentrañados los secretos de la publicación invitada, los participantes presentan otros proyectos, propios o ajenos, y muestran magazines que han encontrado en rincones inhóspitos (llámalo viaje a Filipinas o caja en trastero de una tía).

“Nosotros hemos sido autodidactas en muchas cosas y tener un lugar para poner en común nuestras ideas y recibir sugerencias nos habría resultado muy esclarecedor. Todo el mundo ve la revista acabada, pero a menudo no se conoce el trabajo invisible que hay detrás”, apunta Bascuñán.

“En 2012 lanzamos una editorial de autoedición, Publications for Pleasure, porque nos gustaba mucho el mundo del diseño editorial –explica-- Desde entonces, hemos ido publicando obras muy variadas que no tenían una continuación”. Y entonces llegó Solo, con su evocador aroma cafetero y su espuma: “hicimos un primer número y tuvo tan buena acogida decidimos seguir y darle una periodicidad- Ha sido un sueño poder trasladar a papel una idea así”. Le pedimos una recomendación revistera y su elección es la australiana Lunch Lady, “una publicación para público familiar con un tratamiento visual maravilloso y difícil de encontrar en otros medios”. Eso sí, por tratarse de una cabecera criada en las antípodas advierte de que “conseguirla en València es todo un reto”. Suerte a los interesados.

Foto: GENTE DE QUIOSCO

Solo toma aquí el relevo de Ferida, que estrenó la logia papelera. “Queríamos unir la tradición de la pilota con la modernidad y pensamos que el papel era el soporte adecuado para ello, iba con su carácter. Nos gusta subrayar el valor de la revista como objeto, algo que se pueda coger, mirar, que haya que esperar un plazo para conseguir el siguiente número...”, explica sobre el origen de la cabecera uno de sus responsables, Álex Zahínos.

Que no estaba muerto, que estaba de parranda

Desde ya un buen puñado de años nos persigue la letanía machacona de que el papel se muere, de que la prensa impresa camina inexorablemente hacia el patíbulo. ¿Profecía ceniza, lugar común que ya se dice por inercia, pronóstico errado? Nuestros coinciden en que hay mercado para el mundillo de las páginas numeradas y las rotativas, pero queremos concretar los rebordes y los ángulos de ese ecosistema. Así en breve: el papel no estaba muerto, no, no, estaba tomando cañas, lerelele.

El papel no va a morir nunca del todo – afirma, contundente, Pablus-- Morirán los modelos que no son sostenibles. Pero a los seres humanos nos gusta tocar y notar las texturas. Nos atrae poner todos los sentidos en una publicación. A mí me fascina el olor de las revistas, que cambia según el tipo de papel usado y la cantidad de fotos incluidas. Además, tenerlas a la vista, bonitas me produce placer, y hojearlas de vez en cuando da gustito”.

Para Obiol no se trata de una crisis del papel, sino “del punto de venta y de la publicación tradicional. De ahí han surgido cabeceras alternativas con tiradas bajas en digital y muy buena calidad. También nos hemos encontrado con otro tipo de editor y distribuidor”.

Y en escenario, extienden sus alas, pequeñitas, pero potentes, las revistas nicho. “Estamos en una era dorada de este tipo de prensa, que se caracteriza por ser temática, estar muy cuidada y contar con un perfil muy definido”, expone Obiol. Estas cabeceras encuentran entre su clientela a dos tipos de lectores bien diferenciados: “aquellos que acuden a ellas porque el tema les interesa y los híbridos, que suelen ser periodistas o diseñadores que se sienten atraídos tanto por el contenido como por el aspecto formal de la pieza”. Le pedimos que nos lance unas cuantas recomendaciones: “Solo, por ser los invitados y hacerse desde València, y El Món d’ahir”.

“Es imposible no ser fan del papel. Nos encontramos ante un cambio del consumo: Internet ha sustituido a esas publicaciones impresas que iban a la inmediatez, pero queremos seguir teniendo libros y poder dejarlos en la mesita. En una sociedad tan líquida como la nuestra, en la que nada acaba o empieza, los productos en papel sí que tienen un principio y un fin. En la red, que cada vez que entras hay una nueva actualización, en cambio en una publicación impresa, vas pasando páginas, pero cuando se acaba, tienes esa sensación de cierre”, subraya Zahínos quien cita como referentes directos a la futbolera Panenka y a Volata Magazine, especializada en ciclismo. Por su parte, Toni Mateo, a los mandos del diseño de Ferida, propone fichar Racquet, MacGuffin y coincide con Obiol en El Món d'Ahir.

También coloca el tiro por el modelo de consumo Bea Bascuñán: “están en extinción las piezas perecederas que consumes rápidamente en un momento dado, pero el público aprecia las publicaciones que se cuidan mucho, que están hechas para que quieras tenerlas a la vista”, apunta. Con Solo, ese goce visual se basa en un diseño “sobrio y limpio”. “El papel te da muchas posibilidades. En su primera etapa, Ferida tenía un formato muy grande que favorecía darle mucho peso a las imágenes. Esta segunda fase tenemos un formato mucho más reducido y ahí estamos jugando más con la maquetación, los elementos tipográficos o la deconstrucción de textos. Pero siempre buscando un equilibrio en el que las historias que contamos mantengan su importancia y no se vean apabulladas por el diseño”, cincela Zahínos.

Foto: GENTE DE QUIOSCO

Turno para Pablus, que abre el campo y sitúa a estas familias periodísticas en el escaparate de las corrientes sociales, de hecho, considera que “se enmarcan perfectamente en el mercado actual, que tiene a una gran especialización. Apuntan hacia filias compartidas. Además, al ser publicaciones independientes y no estar supeditadas a grandes grupos de comunicación se permiten arriesgar mucho más en diseño, estilo o temas”. En opinión de Bascuñán, ese enfoque tan marcado de propuestas como Solo es precisamente el que “te deja ir a historias más concretas y personales y abordarlas desde perspectivas diferentes. Así, llegas al público de una forma distinta que engancha”.

Pedimos a Olbiol que lance un deseo sobre futuras ediciones: “nos gustaría incorporar una mentoría con gente joven que nos presente sus iniciativas y poder aconsejarles”. Sea. Y llega la hora de cerrar la paraeta. Lo hacemos con una sentencia de Obiol que resume el espíritu de Quiosco: “tenemos hambre de celulosa”, sentencia Obiol. Es hora de hincar el diente a unas cuantas esquinas bien cargaditas de tinta.

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