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Venecia más allá de los 'imprescindibles'

Más allá de visitar los monumentos más importantes, en Venecia hay que perderse por sus calles para descubrir esas callejuelas y rincones que enamoran

14/03/2020 - 

VALÈNCIA.-No sé cuántas veces me habrán dicho con sorpresa: «¿Nunca has ido a Venecia?». Pues no, no había ido y no por falta de ganas. Quizá por comentarios como «está llena de gente» o «huele mal» lo había ido posponiendo... hasta ahora. Volé al aeropuerto de Treviso y de ahí cogí un autobús que me dejó en la Piazzale Roma así que, utilizando mis últimas energías del día, puse la directa para llegar al hotel. Con la maleta a rastras iba subiendo y bajando puentes (hay 118 islas conectadas por 455 puentes) sin prestar mucha atención por dónde iba hasta que llegué al puente de la Academia y supe que iba a ser mi rincón favorito. No tanto por su diseño —su estructura es de madera porque se construyó de forma provisional— sino por sus vistas: el Gran Canal, con las farolas de los embarcaderos iluminadas de noche y la basílica de Santa María de la Salud sobresaliendo en el horizonte. Con esa estampa que volvería a ver muchas más veces y a cualquier hora del día me fui al hotel. 

En un acto de intentar ir a contracorriente decidí comenzar mi visita por esa cúpula que me había cautivado. Eso sí, como todos los turistas, seguía el GPS para saber por dónde tenía que ir. Y así llegué hasta la basílica, que comenzó a construirse en 1631 (tardaron cincuenta años) para celebrar el fin de la peste. El interior es menos impactante y la decoración es escasa pero en ella puedes ver pinturas de Tiziano y Tintoretto. Eso sí, para ver las Bodas de Caná de este último tienes que pagar los cuatro euros que cuesta la entrada a la Sacristía. Si caminas un poco más llegas hasta la punta de la Dogana, situada en el punto donde se une el canal grande y el canal de la Giudeca. Es un lugar en el que relajarse mirando las vistas. Poco más. 

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Desde aquí puedes coger un vaporetto o regresar caminando. Opté por lo segundo y sin móvil. Me apetecía caminar sin un rumbo prefijado y perderme por la ciudad de los canales. Así conocí rincones sin turistas, callejuelas con casas coloridas y ropa tendida, plazas con puestos ambulantes de fruta o pescado... ambientes que te transportan al pasado más auténtico de Venecia... Y también fue cómo, siguiendo una calle estrecha, y absorta en mi mundo, casi me caigo al agua. Pese a ello, considero que perderse por Venecia debería estar en esos típicos listados de «diez cosas que hacer en...». Además, siempre encontrarás el camino para ir a la plaza de San Marcos.

* Lea el artículo completo en el número de marzo de la revista Plaza

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