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cuando había uhf

¡Lagarto, lagarto!

La NBC pensó en convertir en serie la novela de Sinclar Lewis Eso no puede pasar aquí y le acabó saliendo una serie bien maja de unos lagartos malvados y con reminiscencias a las SS

19/04/2019 - 

VALÈNCIA.-Estaban los terrícolas tan tranquilos y, de repente, esa flota de naves alienígenas que llega y se posiciona en el cielo de las ciudades más importantes. Son visitantes de otro mundo que, según hacen saber a los humanos, llegan en son de paz; para ayudarnos a que vivamos mejor. Porque ellos son así, extraterrestres generosos y filantrópicos. Solo quieren darnos facilidades para luchar contra las enfermedades. Y los humanos, que siempre hemos sido muy idiotas, que sí, que sí, que bajen y se instalen con nosotros que son la mar de ‘enrollaos’. Y ahí les tenemos, con sus monos rojos y sus maneras de legionario. Un pelín perdonavidas. Sin soltar nunca las armas. Con su bandera que echa un tufo nazi que tira para atrás. Pero la gente está encantada con ellos y así les va a los muy ilusos, claro.

Aunque esto parezca una fábula de la vida de Santiago Abascal  en clave de ciencia ficción, no es más que el argumento inicial de V, la serie de extraterrestres que causó furor en la España de los primeros años ochenta, la de Verano azul, Alf y Dinastía. Las pegatinas de aquellos invasores y de los héroes que los combatían sustituyeron a las de Pancho y Desi y a Miguel Bosé en las carpetas de niños y adolescentes que, junto a padres y hermanos, cada sábado asistían fascinados a la lucha entre opresores y oprimidos. La revista Teleindiscreta incluso llegó a regalar una pistola de rayos láser como las de los invasores (en realidad eran las instrucciones para que te construyeras algo similar). Y eso que en la serie, estas salían lo justito porque en aquella época, generar el efecto visual de sus disparos —a 10.000 dólares el rayo láser— suponía un despliegue técnico que elevaba peligrosamente los costes de la producción.

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Lo que más le gustaba al público eran los lagartos escondidos bajo el aspecto humano de los visitantes. Hasta entonces, la televisión andaba huérfana de personajes fantásticos tan bien hechos, y estos, encima, comían ratones. Como aperitivo, claro, porque el plato principal eran los confiados humanos, que para eso habían venido a la Tierra. En Estados Unidos la serie coincidió con el apogeo de la nefasta era Reagan. Su estreno se promocionó con carteles como los que anunciaban la llegada de nuestros amigos venidos del cielo. Un póster que inmediatamente fue marcado con una V pintada con espray, símbolo de la resistencia.  

* Lea el artículo completo en el número de abril de la revista Plaza

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