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EL INVERSOR ESTÁ DESNUDO / OPINIÓN

La recuperación desigual obligará a distinguir entre activos que saldrán reforzados y los que no

17/02/2021 - 

VALÈNCIA. La desigualdad en la distribución y disponibilidad de las vacunas contra la covid-19 nos puede dar una buena idea de cómo será la recuperación económica en las distintas zonas geográficas del planeta. A pesar de todos los estímulos monetarios de los gobiernos y bancos centrales más poderosos, los riesgos permanecen y no solo para economías donde el sobreendeudamiento está a la orden del día sino también para los países cuyos índices de pobreza han ido creciendo de manera alarmante durante estos últimos meses. La dificultad por ganar la batalla al coronavirus, el incremento del populismo y las diferentes estrategias para volver a la normalidad nos deben hacer conscientes de que los factores de riesgo siguen muy presentes.

Lo anteriormente comentado no es para quitarle méritos al hecho de que la ciencia haya logrado encontrar soluciones en tiempo récord para protegernos del virus. Todo lo contrario. Es un hecho probado que gracias al conocimiento que hoy tenemos sobre la amenaza, la forma de enfrentarnos a ella también ha cambiado y para bien. Probablemente estemos ahora encontrando la manera de convivir con dicho lastre, si como todo hace pensar tenderá a acompañarnos todavía durante un tiempo.

Es cierto que los datos de crecimiento a nivel global son bastante mejores de lo que uno podía haberse imaginado. Pero a pesar de todo, la realidad no sabe de ilusiones e indica sin tapujos que nos encontramos en una dolorosa recesión de la que una vez más Europa no saldrá muy bien parada. El Fondo Monetario Internacional (FMI) marca para Europa y Reino Unido el año 2022 para la recuperación de niveles de producción prepandemia. No así para el caso de EE UU y Japón donde hablan de lograr lo mismo durante la segunda parte del año 2021. 

La guinda se la lleva de nuevo la República Popular China que definitivamente juega en otra liga. Los 'sabios' del FMI le pronostican un crecimiento PIB del 10% para finales del presente ejercicio respecto al mismo dato de 2019. 


Actualmente el único problema con China es que no parece ser el referente más adecuado para reflejar la realidad económica del planeta. En este sentido, el foco estaría más puesto en los países de desarrollo y en alguna economía emergente. Esto es así porque se pronostica para este año un incremento a nivel mundial de 150 millones de personas en situación de pobreza solo por el efecto de la pandemia. Un extremo que amenaza a un suministro garantizado de alimentos a gran escala.

En el mundo actual no parece un despropósito buscar una relación entre las proyecciones económicas y el suministro disponible de vacunas contra la covid para las economías en particular. Para los países occidentales -como también algunos mercados emergentes-, se espera que habrá suministro casi pleno a finales de verano 2021 cuando para muchos países en desarrollo esto será solo el caso a lo largo de 2022 o hasta incluso más tarde. 

La comunicación de la Reserva Federal

Todo ello se ve todavía más reforzado cuando comparamos las ayudas/estímulos que han recibido países económicamente fuertes frente a los más débiles. Una de las muchas consecuencias es que incrementa la necesidad de endeudarse y las economías más frágiles finalmente se sostienen sobre capitalizaciones muy frágiles, que se derrumban a la mínima que cambian los vientos. Me refiero por ejemplo a la manera de comunicar con respecto a la política monetaria, principalmente por parte de la Reserva Federal americana. En 2013 se vivió una situación así cuando la FED parecía indicar que podía haber llegado el fin de la política de tipos de interés bajos, lo que provocó un auténtico vendaval en salidas de capital en los mercados emergentes. Podría darse una situación parecida este año, con la diferencia de que la capitalización de muchos países emergentes está hoy más debilitada que hace una década.

Conocedores de la situación crítica, los bancos centrales insisten en que la intención es seguir con la política de mantener los tipos de interés en los niveles bajos como en la actualidad. El problema es que en esto siempre hay una parte que no se deja controlar. Un inesperado incremento considerable en la demanda de los consumidores tendría efectos inflacionistas, que podrían forzar a la FED en ajustar su política monetaria. Esto tendría de nuevo un efecto sobre los mercados emergentes pero, por supuesto, también en los occidentales. Tendría casi seguro un 'efecto limpieza' en los mercados para distinguir entre quienes son suficientemente fuertes para aguantar el 'chaparrón' y los que no. Es por lo tanto crucial como inversor tener claro que en su cartera se está apostando por valores o activos que saldrán reforzados y no maltratados de tal posible escenario.

Christian Dürr es socio-director de ETICA Patrimonios EAF

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