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NOSTRADAMUS YA LO SABÍA / OPINIÓN

Dinamarca, sin genes no hay vacuna que valga

Cuando se cumplen veinte años de la publicación del primer borrador del genoma humano, la secuenciación genética puede contribuir a orientar la respuesta de la salud pública a una pandemia casi en tiempo real por primera vez. Sin embargo, la mayoría de los países no han adoptado esta respuesta de alta tecnología.

22/02/2021 - 

El norte está de moda. Aunque podría ser, no se trata de la magnífica novela de Rafa Lahuerta, y su buen pulso al mezclar el cóctel del exotismo de la marca Noruega para someter a un buen repaso psicoanalítico a la fauna que habita Valencia, siempre ávida de iconos foráneos. Unas latitudes más abajo, Dinamarca, con 800.000 personas más que la Comunitat Valenciana, ese estado del que siempre se dijo que los cerdos doblaban a la población humana, levanta las cejas de la atención internacional. No es por su programa disciplinado de vacunación ni por la puesta en marcha del discutido pasaporte digital Covid. El globo se pregunta por qué allí los investigadores rastrean la propagación de las nuevas mutaciones del SARS-CoV-2 más de cerca que cualquier otro país.

Aunque le parezca mentira, no todo son vacunas en esta pandemia nuestra. Al esfuerzo de secuenciar (leer) masivamente el virus y, ¡muy importante!, empezar a creerse la genómica como una auténtica herramienta de salud pública, ya recibe el nombre de “estrategia danesa”, disputándole el protagonismo a Reino Unido. Bien lo ha publicitado en Science el compatriota Kristian G. Andersen, asesor del gobierno danés que trabaja como investigador en enfermedades infecciosas en el Departamento de Inmunología y Microbiología del Instituto de Investigación Scripps, centro californiano dedicado a la biomedicina básica en La Jolla, cuyo equipo fue de los primeros en descartar el coronavirus como producto maligno fabricado en un laboratorio.

Los investigadores daneses, que han secuenciado más de la mitad de los casos positivos y se prevé que alcanzaran en breve el 70%, se encuentran entre los que más realizan secuencias genéticas completas de las muestras en comparación con su demografía, además de hacer más pruebas que la mayor parte de los países. El control (monitoreo) más completo del coronavirus del mundo es posible gracias a la suma de dos entidades, la Universidad de Aalborg y el Statens Serum Institut (SSI), la institución gubernamental de investigación y salud pública dedicado a prevenir y controlar las enfermedades infecciosas, las amenazas biológicas y los trastornos congénitos.

Foto: EFE/Fernando Bizerra Jr

Al norte de la península de Jutlandia, en Aalborg, el imberbe microbiólogo e investigador de genoma bacteriano, Mads Albertsen, director de un laboratorio acostumbrado a analizar miles de muestras a la vez de microorganismos que afectan al medio ambiente y la salud, adaptó hace casi un año sus líneas de trabajo al seguimiento nacional del coronavirus para impulsar un estudio completo de las variantes en circulación, atendiendo a la llamada de socorro del SSI, angustiado por su frágil capacidad para secuenciar algunas muestras aleatorias.

Así, las autoridades danesas han conseguido la mejor panorámica posible sobre qué variedades circulan en la sociedad y a qué velocidad se propagan. Un ejemplo, han podido predecir con qué rapidez se esparciría la supercontagiosa variante británica B117. Aunque no han estado libres de imprevistos. Los escandinavos también conocen el caos, aunque para sortearlo saben que la salvación pasa por el “hágalo usted mismo”. ¿Tus computadoras no pueden almacenar la enorme cantidad de datos genéticos de las muestras? Ensámblalas con cinta adhesiva y tendrás agujeros para insertar nuevas tarjetas gráficas. Poco se reconoce el valor universal de la cinta americana.

Los datos daneses actuales, que se ingresan en una base de datos internacional de libre acceso, se convertirán a largo plazo en una mina de oro como recurso para describir una pandemia, al crear un conjunto único para comprender cómo se desarrolla un virus en una población y cómo las diferentes variantes prosperan y retroceden en el tiempo. Pero sería reduccionista celebrar solo el potencial de la genómica danesa. Los genes por sí mismos, aunque dicen mucho, no lo cuentan todo.

“Aunque muchos celebran la genómica como el nuevo becerro de oro, la respuesta internacional de la genómica está llegando tarde. Y el coste potencial es enorme”

Otro factor que ha ayudado a los investigadores daneses a estar en la crème de la crème de los estudios genéticos del virus reside en utilizar los datos de forma activa con las autoridades. A diferencia de los países donde la secuenciación de genes sirve para aportar números esporádicos, Dinamarca usa los datos activamente en cálculos y modelos para diseñar medidas preventivas. Los responsables del SSI no tienen complejos al señalar que las autoridades poseen información de sus habitantes en los registros públicos, indexados por número de Seguridad Social, lo que facilita a los investigadores relacionar datos genéticos y hallar patrones, por ejemplo, para ver si los virus se propagan más rápido en determinadas ocupaciones, cómo se propaga la infección en los lugares de trabajo, entre visones, en residencias de ancianos o en fiestas familiares. Por supuesto, el debate de la privacidad está abierto.

Cuando se cumplen veinte años de la publicación del primer borrador del genoma humano, la secuenciación genética puede contribuir a orientar la respuesta de la salud pública a una pandemia casi en tiempo real por primera vez. Una de las herramientas más poderosas en la lucha contra la Covid-19 es leer y comprender los genes, pero la mayoría de los países no han adoptado esta respuesta de alta tecnología, aunque este tipo de secuenciación ya ha permitido identificar muchas variantes distintas, como las cepas de Gran Bretaña, Sudáfrica y Brasil. Sin embargo, un buen número de países se está quedando atrás.

Aunque muchos celebran la genómica como el nuevo becerro de oro, vaticinando las subidas en bolsa de la futura medicina personalizada, la respuesta internacional de la genómica está llegando tarde. Y el coste potencial es enorme. Mejorar la cobertura geográfica de la secuenciación resulta primordial para que el mundo tenga ojos y oídos sobre las mutaciones del virus. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la secuenciación global ayudaría a comprender mejor el mundo de los patógenos emergentes y sus interacciones con humanos y animales en una variedad de climas, ecosistemas, culturas, estilos de vida y biomas, un conocimiento que abrirá nuevos paradigmas en la prevención y el control de epidemias. No hay excusa para no tener respuestas coordinadas, excepto que no se haya decidido hacerlo.

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