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Desde el 3 de julio, la Unión Europea (UE) ha prohibido los plásticos de un solo uso

Valencia desarrolla un proyecto europeo para limpiar las playas de pajitas de colores

Foto: KIKE TABERNER
4/08/2021 - 

VALÈNCIA. ¿Quién no se ha encontrado media bolsa de plástico semi-enterrada en la arena al hacer un agujero para clavar la sombrilla? ¿Quién no se ha clavado en los pies un trozo de plástico al pasear por la playa? Pajitas de colores, tapones de botellas de agua y refrescos rojos y azules, tapas y restos de bolsas y envoltorios de plásticos que se desintegran bajo el sol forman parte del paisaje veraniego, de la arena que cubre nuestras playas y en las que nos solazamos durante el verano. Estas desagradables experiencias que atentan, además, al medio ambiente, tienen su fin. Desde el 3 de julio, la Unión Europea (UE) ha prohibido los plásticos de un solo uso y, para ello, trabajan conjuntamente la Universidad de Ciencias Aplicadas (HAW), con sede en Hamburgo/Alemania, y Sealive, en dos proyectos europeos Bio-Plastics Europe, coordinados por el Instituto Tecnológico del Embalaje, Transporte y Logística (ITENE) de Valencia.

Tras la prohibición del plástico de un solo uso, la UE está dando un paso más con dos proyectos de investigación que buscan alternativas a los plásticos y deberían permitir la definición de criterios claros para su biodegradabilidad y compostabilidad. Los participantes en ambos proyectos europeos se reunieron hace tres semanas en un intercambio de conocimientos on-line, donde se informó sobre el “estado del protocolo de seguridad para los productos plásticos de base biológica, que tiene como objetivo garantizar el uso seguro y la gestión al final de la vida útil de los plásticos biobasados y biodegradables”.

Corresponsabilidad de los consumidores

Durante este encuentro, Miriam Gallur, coordinadora de Sealive en ITENE en Valencia, explicó los beneficios de la economía circular y las dificultades que deben superarse: ”Es importante definir el aspecto de biodegradabilidad, precisamente para permitir en última instancia a los consumidores tomar decisiones más sostenibles". Mientras que Andrew Farmer, miembro de Sealive en el Instituto de Política Ambiental Europea en Bruselas, destacó la necesidad de que la información al consumidor se presente de una manera comprensible.

Los proyectos de investigación europeos Bio-Plastics Europe y Sealive cooperan desde abril de 2021 para explotar sinergias para la producción y el uso de plásticos de base biológica. Ambos proyectos están desarrollando estrategias y soluciones de sostenibilidad para productos biológicos y, por lo tanto, apoyan la estrategia de plásticos de la UE. Su objetivo es explorar tecnologías de circuito cerrado y soluciones al final de su vida útil, para desarrollar plásticos bio-basados sostenibles que reduzcan los residuos y la contaminación en la tierra y en los océanos.

Bio-Plastis Europe espera resultados para finales de año para evaluar la seguridad del uso de los nuevos materiales en aplicaciones como cubiertos reutilizables, juguetes, envases blandos y rígidos, películas de mantillo agrícola, cebo de pesca y cajas de pesca. El objetivo del proyecto es proporcionar materiales bio-base, biodegradables, sostenibles y seguros para la fabricación de estos productos.

Sealive está probando ocho plásticos de base biológica, en seis regiones donde la tierra y el agua están muy contaminados por residuos plásticos. Actualmente, estudian productos de plástico de un solo uso, películas de mantillo agrícola y redes de pesca tradicionales para desarrollar versiones bio-basadas específicas.

Una isla de plásticos a la deriva

La voz de alarma la dio el Centro Nacional de Estudios Espaciales francés (CNES). Hoy en día, Robinson Crusoe se habría encontrado a la deriva con la isla de plástico que se desplaza por el Pacífico Norte, entre Japón y Estados Unidos, con cuatro millones de toneladas de basura que ocupan cerca de 3,4 millones de kilómetros cuadrados de superficie y una profundidad de treinta metros bajo el mar. 

También en nuestras playas tenemos un amplio abanico de plásticos de colores que asoman entre la arena, a ojo de pájaro, sin necesidad de excavar ni utilizar microscopios. La química Aida Faubel Laguna, máster en Industria Cosmética por la Universidad Politécnica de València y autora del trabajo de investigación de la Universitat de València “Plásticos en la arena”, explica que, durante el trabajo de campo, “se encontraban fragmentos de plásticos relativamente grandes, como pajitas, cucharitas, tapones de botella y mucha bolsa de plástico. Por metro cuadrado de playa, había alrededor de seis gramos de plástico en superficie y sin excavar”. La experta comenta que “se trata de macroplásticos y mesoplásticos, fragmentos que se pueden ver a simple vista, pero que ya forman parte de la arena y acabarán siendo microplásticos”.

El paso a la cadena alimentaria

El principal problema, añade Faubel Laguna, es que “los peces, las gaviotas y las tortugas se comen estos fragmentos y acaban muriendo por la alta concentración de plásticos en su estómago. Los más grandes les provocan ahogamientos y atrapamientos”. Además, estos plásticos, señala, “inciden en la cadena trófica, que pasa a la cadena alimentaria humana. No tanto por los peces, porque los lavas, sino por los moluscos y crustáceos, que comen plásticos y no son visibles, luego pasan al pez que se come la gamba, y al pájaro, y así sucesivamente”. Las consecuencias, explica, no terminan aquí, ya que que “los macroplásticos tienen efectos en el ecosistema marítimo a través de animales muertos varados y atrapados. Mientras que los micro y mesoplásticos, por acumulación en el mundo marino, producen asfixia al evitar que llegue la luz solar”. 

Según Naciones Unidas, los plásticos de un solo uso que se encuentran más comúnmente en las playas son colillas de cigarrillos, botellas de plástico para bebidas, tapas de botellas de plástico, envoltorios de comida, bolsas de plástico de supermercados, tapas de plástico, pajillas y agitadores, y botes de espuma.  Mucho del plástico que producimos está diseñado para ser desechado después de haber sido utilizado una sola vez (no reutilizable o desechable). Sólo en 2015, hubo 141 millones de toneladas de residuos de envases de plástico.

Quien contamina paga

Basada en el principio ecologista “quien contamina paga”, en 2019 la UE aprobó la Directiva (UE) 2019/904 “relativa a la reducción del impacto de determinados productos de plástico en el medio ambiente”, que acaba de entrar en vigor. El objetivo es retirar del mercado de los productos de plástico de usar y tirar para los que ya existen alternativas. Los productos cuya venta queda prohibida en el conjunto de la Unión son los cubiertos de plástico de un solo uso como cucharas, tenedores, cuchillos y palillos; platos de plástico de un solo uso; pajitas; bastoncillos de algodón para los oídos, fabricados en plástico; palitos de plástico para sostener globos; plásticos oxodegradables, y contenedores alimenticios y tazas de poliestireno.

Esta Directiva no se limita a regular los plásticos de un solo uso, sino que tiene como finalidad limitar la contaminación por plásticos con nuevos objetivos de reciclaje, al tiempo que responsabiliza aún más a los fabricantes. Los Estados miembros, por su parte, tendrán que recuperar el 90% de las botellas de plástico en 2029. En 2025, el 25% del plástico de las botellas deberá ser reciclado y, en 2030, el 30%.

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