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HO, HO, HO!

Agenda Hedonista de Navidad. Los 10 deseos

Ni Papá Noel, ni Reyes Magos. Vuelve a hacer tu lista de deseos para Navidad y envuélvela con papel gastronómico

Por | 24/12/2018 | 9 min, 10 seg

VALÈNCIA. "Queridos lo que sea. Este año he sido mala, muy mala, rematadamente mala. Las he hecho de todos los colores. Me he bebido las botellas de vino más caras, he sucado los fondos de los guiso más fuertes, y me he revolcado con gusto en las entrañas y la casquería. Y la verdad es que todavía ando relamiéndome. Así que, ¿sabéis qué? Que no me arrepiento de nada. Ni de aquella tabla de quesos azules, ni de aquella pizza cubierta de trufa, ni de la torrija que me pedí de postre cuando creía que ya no había sitio para más. Estuve dándole vueltas con la cuchara para que se empapara bien de helado. Por eso comprendería que estas fiestas os olvidarais de mí, que pasarais de largo el árbol de Navidad de mi casa, porque la verdad es que ni siquiera lo he puesto. No quiero tablets ni peluches; en todo caso carbón, y que esté bien dulce. Yo en mi lista de deseos, dirigida a ninguna parte, pido planes; pido cenas con luz bajita y almuerzos con cacahuetes; quiero más comidas junto al mar y una tableta de chocolate puro; ojalá un viaje de los de ir parando en fondas y comprando en colmados. Y no me voy a esperar a que nadie me lo traiga. Desde hoy, y hasta que acaben las fiestas, me propongo cumplir con estos 10 deseos gastronómicos, que ya he anotado en mi agenda y que son disfrutones hasta la médula". 

1) Beber chocolate caliente

El chocolate da sentido a la vida. Mi abuela lo preparaba para desayunar, pero otros tienen la costumbre de tomarlo a media tarde, incluso después de cenar. Siempre es un momento feliz. Olvida los puestos callejeros con olor a fritanga, porque València cuenta con templos chocolateros, y su ambiente es mucho más nostálgico ahora que en Fallas. Esta Navidad me beberé una taza caliente, pero todavía estoy decidiendo dónde; no sé si será en las clásicas horchaterías de Santa Catalina y El Collado, o en la casa de las buenas cocas y mejores buñuelos que es Fabián. Luego compraré una tableta de chocolate negro, muy negro, en alguna tienda especializada y de aroma artesanal, como Utopick o Papúa.

2) Pasar una mañana de mercadillos

Hay donde elegir. Desde la Mostra de Artesanía en el Mercado de Colón, al Mercadillo de Navidad que montan en los alrededores de la Lonja de València. Luego vendrá el Mercado de Reyes del Cabanyal (a partir del 3 de enero) y, desde hace unos años, también están los puestecitos de la Ciudad de las Artes y las Ciencias. En todos ellos se puede comer bien, probando dulces o tropezando con embutidos, y hasta dando gracias por la invención de los food trucks. Por su parte, el Mercado de Tapinería de Valéncia celebra el 'Ho, ho, ho Mercat de Nadal', y tras las compras, te puedes zampar las bravas de boniato de Bar & Kitchen.

3) Leer (de comida)

Una taza de café (me he comprado una bolsa D·origen), un buen libro entre las manos y que se caiga el mundo, porque no necesito a nadie. Leer es una pasión, y en los días de Navidad, una necesidad. También se pueden maridar placeres, ya que hay buenos títulos relacionados con el mundo de la gastronomía, desde aquellos que permiten viajar a otros países, a los que han escrito algunos de los cocineros más importantes de València. Es el caso de Steve Anderson, que acaba de publicar un libro con su hermana para homenajear a las mujeres de su vida, bajo el título Una historia de Birmania. O de Bernd H. Knöller, quien ha editado la obra de cocina y fotografía Unánime junto a Xavier Mollà, donde también hay recetas.

4) Hacer la compra con mi madre

Porque sí. Porque ir al mercado mola mucho. Y porque ir con tu madre mola todavía más. Paula Pons ya ha hecho la hoja de ruta para adentrarse en el Mercat Central, que por cierto, abre de manera excepcional los domingos 23 y 30 de diciembre. También son grandes opciones el del Cabanyal o Russafa, con toda la personalidad que les acompaña, gracias a las voces de los tenderos y el buen género sobre los mostradores. Un paseo por los mercados municipales de Algirós, Benicalap, Benimàmet, Castilla, o Mosén Sorell te hace reencontrarte con el mundo e, incluso, te insufla ánimos para guisarle a la familia.

5) Comer un cocido

El plato emblemático del Día de Navidad. Yo lo llamo cocido con pelotas, pero porque soy de Murcia, y sé que en València se dice putxero. Hablaba Gloria Gallo de los viernes de puchero y rock en Café Museu, pero hay opciones durante el resto de la semana. En Los Madriles Nueva Taberna preparan cocido todos los días, mientras que en El Ultramarinos lo sirven los jueves y en La Bernarda respetan la tradición de los miércoles. ¿Que eres más de arroz?También tienes la opción de comerte una paella de cocido como la que preparan en Lavoe. O venga, de verduras, con vistas al mar en Drassanes 52 (solo el domingo 30).

6) Entregarme al dulce

Que no es que el resto del año no lo haga, que lo hago, pero ahora las tentaciones para los golosos se disparan. Desde el rico turrón artesanal (de coco, de chocolate crujiente, de yema tostada...), a los pastissets de boniato que prepara Jesús Machi, o el panettone italiano por el que compiten Torreblanca o Monplà; cualquiera me sirve en la despensa. Doy gracias a los panaderos de toda la vida por haber hecho de la repostería un arte, y no estoy dispuesta a renunciar a esos pedacitos de azúcar que me pintan una sonrisa en la cara. Me comeré muy tranquila el Roscón de Reyes, y a lo mejor hasta me animo a preparar uno después de asistir al taller que organizan en Pepita&Grano a cargo de Belén Casal (Cupcakes a Gogó). Será el viernes 4 de enero. Habrá tiempo para las tonterías fit cuando estemos muertos.

7) Fomentar el tardeo con amigos

Habrá que fomentar esta buena costumbre, tan popular en Murcia y Alicante, pero a la que todavía le está costando instaurarse en València. El tardeo con los amigos es el remedio a la resaca del día siguiente, porque ya la vas pasando de noche. Así que es buena idea empezar la Nochebuena en Olhöps donde, desde las 17.30 horas, organizan un encuentro especial con cerveza artesanal para llegar entonado a la cena. Por supuesto, durante la Navidad se mantienen las catas de cuatro cervezas con maridaje que tienen lugar los viernes en Tyris on Tap. Y si ya te pones exquisito y quieres reivindicar tu amor por el vino, son buenos días para una excursión a una bodega. González Escudero permite la visita gratuita.

8) Reconciliarme con los niños

No me gustan los niños. Vale, sí, soy El Grinch. Pero es que no son lo mío. Me imagino una vida entre berridos y se me ponen los pelos de punta. Y ya sé que por momentos son encantadores, que su sinceridad te desarma, que sus abrazos te derriten, y todo eso. Por eso voy a intentar reconciliarme con los niños (los de mis amigos, eh) mediante la cocina. Quizá me deje caer por el taller de adornos navideños hechos con nueces que organizan en Pepita&Grano (el jueves 27); o por el de galletas navideñas que organizan en Espadán 31 (el sábado 29). El Centro Superior Hosteleria Mediterraneo (CSHM) también impartirá una formación de iniciación en la cocina dirigida a los más pequeños el próximo miércoles 2. Dura 3 horas (sí, sí, 3 horas de alivio paterno), que ya me está pareciendo mucho.

9) Esconderme de las macrofiestas

Que no hacen ninguna falta. Que no necesito ver a los señores con el matasuegras, ni a las señoras lanzando confeti, y me sobran mucho las faldas de lentejuelas que solo te pones una vez al año. Que paso de los antros de música horropilante donde estás, aguantando, por un resquicio de vida social. En Nochevieja me quedo tranquilita en mi casa, porque hay ocasiones mucho mejores para salir. Si me animo a hacer algo, tal vez sean unas birras previas, por ejemplo en la PreNochevieja que organizan en Tyris on Tap (el día 30), con 12 campanadas en forma de pops de queso y polvorones. Y de elegir algún restaurante para cenar, que sea con un buen menú, como el de Fumiferro o el de Àtic Restó.

10) Viajar por aquí cerca

Si eres de los que no han podido viajar por Navidad, no desesperes. Hay escapadas cercanas que merecen la pena, tanto o más que un viaje transoceánico, sobre todo en lo que a gastronomía se refiere. Las cocas de Dénia, los dulces de Morella, ¿no te parecen argumentos suficientes? Yo me he propuesto bajar hacia Alicante para probar las cocas que preparan en Pont Sec, con salazones, sobrasada, verduras, hierbas silvestres o embutido; toma ya. Y si no, me iré a Castellón, porque parece ser que las croquetas morellanas de Daluan consiguen que la excursión valga la pena. Y los dulces, ay los dulces.

Estos son mis deseos, y ya me los cumplo yo solita, que en eso de llenar el buche soy muy resolutiva. Pero quiero añadir otro más, otro para el que os necesito. Que sí, un bonus track.

(BONUS) Sonrisas para la gente de la hostelería

Son fechas muy duras para los trabajadores de los restaurantes, que verán incrementados sus ingresos a costa de jornadas muy fatigosas. Así que si al camarero se le cae el tenedor, se le vuelca el vaso, o se le olvida el postre; intenta ser comprensivo. Que sí, que tú quieres que todo salga bien, y posiblemente él también. Podría estar comiendo con el resto de su familia, pero ahí está sirviendo mesas, me parece importante ponerse en la piel de los demás. Usa las palabras mágicas ("por favor", "gracias") y sonríe. La sonrisa es la respuesta para todo.

Feliz Navidad, Hedonista

Te deseamos mucha gula


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