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'Con ocho basta': elogio de la familia funcional

Más que una familia, los Bradford eran casi un equipo de fútbol. Diez miembros, ocho de los cuales eran niños y adolescentes. El público se encariñó con ellos y siguió sus descafeinadas aventuras durante cinco temporadas

24/06/2022 - 

VALÈNCIA. Aunque Tom Braden era periodista, trabajó para la CIA desde la creación de la compañía en 1950. Después de cuatro años dándolo todo para la organización fundó su propio periódico, proyecto que le ayudó a financiar su amigo Nelson Rockefeller. Su pensamiento político se alineaba con el partido Demócrata, y aunque hizo un breve intento para dedicarse a la política, se desencantó enseguida. Tras el asesinato en 1968 de su amigo Robert F. Kennedy, decidió retomar el periodismo y comenzó a firmar una columna que le valió entrar en la lista negra de Nixon. Sin embargo, lo que le lanzó a la fama fue un libro en el que narraba su vida familiar, como padre de ocho vástagos y marido de la asesora política Joan Ridley Braden. El libro, titulado Eight is enough, apareció en 1975 y se convirtió en un best seller. Dos años después la cadena ABC la convirtió en sitcom. En España se llamó Con ocho basta, fue estrenada el 16 de febrero de 1979 y desde entonces se instaló en la parrilla televisiva de las tardes de los viernes durante los dos años que estuvo en antena.

En 1977 la televisión ya estaba enamorada de los grandes clanes familiares. A los Walton, los Brady, los Cartwright y los Jordache pronto se unirían los Ewing y los Carrington-Colby. Además, cada tanto las cadenas explotaban el filón de los melodramas familiares con niños en primer plano, ya fuese en plan familia de colonos (La casa de la pradera) o con un solterón millonario que ha de hacerse cargo de sus tres sobrinos cuando estos quedan huérfanos (Mis adorables sobrinos). Con ocho basta rizó el rizo y aportó al género una prole de ocho hijos. Dick van Patten, rostro popular para los amantes de las series de los sesenta y los setenta, interpretaba al periodista Tom Bradford, trasunto televisivo de Braden, que escribía para un periódico de Sacramento, California.

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La actriz Diana Hayland, que encarnaba a Joan, la esposa de Bradford, falleció a causa de un cáncer de mama poco después de que se estrenara el piloto de la serie, por lo que solamente llegó a aparecer en cuatro episodios. Aquello cogió por sorpresa a los guionistas, que tuvieron que justificar su ausencia alegando que se encontraba lejos de California, visitando a unos familiares. 

Nada más iniciarse la segunda temporada, se anunció que Bradford había enviudado. Pero al poco volvería a enamorarse, esta vez de la profesora particular de uno de sus hijos, Sandra Sue ‘Abby’ Mitchell, interpretada por Betty Buckley. Los productores de la serie la vieron en su papel de profesora empática con Carrie White en la película Carrie y decidieron que era óptima para el personaje. Mark Hammill fue contratado para el papel de David, el hijo mayor de la tribu, pero solamente se le vio el pelo en el episodio piloto. Al parecer, Hammill, que ya había protagonizado la exitosa Cosa de chicos, lo que quería era dedicarse a fondo a su carrera cinematográfica, pero la cadena no consintió rescindirle el contrato. Poco después tuvo un accidente de coche que le valió una baja laboral porque se rompió la nariz. ABC tuvo que prescindir de él y Hammill fue contratado por George Lucas para protagonizar La guerra de las galaxias

Los orígenes de la conciliación

Con ocho basta fue la primera que utilizó risas enlatadas en lugar de las carcajadas de un público real presente en el plató durante las grabaciones. A pesar de lo concurrido de clan, los Bradford siempre fueron una familia más funcional que disfuncional. Los chicos vivían sus problemas de infancia y adolescencia, sus primeros amores, y los padres, en un supremo ejercicio de eso que hoy llamamos conciliación, se las apañaban para intentar llegar a todo. Van Patten daba el tipo como padre bonachón que sabía cuándo tenía que ser tierno y cuándo tenía que ponerlos firmes a todos. El tema de conciliar las edades reales de los actores con las de los personajes asignados ya era más complicado. Buckley, por ejemplo, solamente era cuatro años mayor que Grant Gooddeve, el actor que sustituyó a Hammill en el rol de David, el hijo mayor. Y luego estaba el pequeño, Nicholas, con su pelo de casco, su dentadura mellada y una expresión traviesa, que muy probablemente debió inspirar a Antonio Mercero para escribir los papeles de Tito y El piraña en la mítica Verano azul.

El público adolescente amó y se identificó con algunos de los chicos y chicas de la familia, todos ellos prototipos de clase media americana blanca. Entre los hermanos había mayoría femenina (Mary, Joanie, Susan, Nancy y Elizabeth) pero fueron los chicos mayores los que más corazones rompieron, empezando por Tommy, papel encarnado por el actor Willie Aames, o el mismísimo Ralph Maccio, futuro Karate Kid, que apareció en las dos últimas temporadas de la serie interpretando al primo Jeremy. La serie tuvo un impacto especial entre las jóvenes malayas, que hicieron de David Bradford un sex symbol. La mayoría de las situaciones eran divertidas, pero cuando los guionistas se esmeraban en ser lacrimógenos, la audiencia subía. Dos de los episodios más vistos fueron aquellos que tenían boda incluida. Y el capítulo navideño, cuando Diana Hayland ya había muerto, incluía una escena en la que Van Patten abría un regalo que le había dejado su difunta esposa, un libro de poemas de E. E. Cummins, con una dedicatoria que hizo llorar hasta al bedel de los estudios.

La serie nunca gozó de un éxito espectacular, pero funcionó con dignidad. Tampoco aportó nada especialmente novedoso al género de las teleseries. Al igual que la familia que la protagonizaba, era un producto amablemente funcional. Se grabó durante cinco temporadas y después de la quinta, cuando el público ya daba señales de cansancio, ABC decidió cancelarla. Dicen que nadie tuvo el valor de darle a Van Patten la noticia y este tuvo que enterarse por la prensa. Siguió haciendo televisión y cine, sobre todo esto último siempre de la mano de su amigo Mel Brooks (aparece en Las locas, locas aventuras de Robin Hood o La loca historia de las galaxias). 

Como es habitual en este tipo de series, nadie se comió un colín. Casi el más famoso fue Adam Rich, que intepretaba al simpático Nicholas (el más joven y contrapunto humorístico). Tras una carrera absolutamente errática, se aficionó al alcohol y a las drogas, lo que le valió otros quince minutos de fama. Susan Richardson acabó indigente y Mary (Lani O’Grady) murió de sobredosis. El mayor de todos, Grant Goodeve, sí consiguió alargar un poco más su fama y llegó a protagonizar una serie propia, T. J. Hooker, antes de empezar a darle a la botella y resucitar como predicador. 

En cuanto al responsable de todo esto, Tom Braden, un año después de que se cancelara la serie estrenó un programa radiofónico de debates políticos con el periodista conservador Pat Buchanan. Luego ambos serían contratados por la CNN para hacer el exitoso programa Crossfire, en el que opinadores de derecha e izquierda analizaban temas de actualidad política. Bradford capitaneaba a los invitados de ideas progresistas. 

La serie en datos

Emisión: 16/02/1979. 

Duración: 112 capítulos (cinco tempordas).  

Éxito: La serie logró dos People’s Choice y el joven Adam Rich se llevó dos veces el Young Artist Awards. 

El dato: Dickie Van Patten hizo varios cameos en vídeos del mítico humorista ‘Weird Al’ Yankovic.  

Continuación: Dio lugar a dos telefilmes: Con ocho no basta (1987) y Eight Is Enough Wedding (1989). 

Curiosidad: Aunque Grant Goodeve era el mayor de todos en la ficción, tres de sus hermanas tenían más años que él.

* Lea el artículo íntegramente en el número 92 (junio 2022) de la revista Plaza

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