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Piden agua potable en el Carraixet y reparar el depósito de Sant Josep

El conflicto del agua en Xàtiva persiste: los vecinos protestan y el ayuntamiento explora soluciones

28/03/2021 - 

VALÈNCIA. Al grito de "veïnat del Carraixet, l’aigua és un dret", decenas de vecinos y vecinas de este diseminado y del casco antiguo de Xàtiva se han manifestado este sábado frente al ayuntamiento para exigir una solución ante la falta de agua potable en sus casas. Ubicado a unos siete kilómetros del núcleo urbano de la ciudad, los habitantes de este diseminado arrastran esta problemática desde hace décadas. De hecho, y aunque esta agrupación de viviendas fue declarada como zona urbana en el año 2000, no dispone de servicios básicos de alcantarillado, iluminación ni agua potable. Están obligados a abastecerse de un pozo privado de la zona ideado para uso agrícola.

La mala calidad del agua que sale de los grifos del centenar de viviendas que hay en el Carraixet se confirmó en febrero de 2020, cuando la Dirección General de Salud Pública de la Generalitat Valenciana realizó un análisis y calificó el agua como no apta para el consumo humano. En estos análisis detectaron, según han explicado los vecinos afectados, una alta concentración de nitratos, E.coli, bacterias y otras sustancias perjudiciales para la salud.

Esto provocó que Sanitat decretara restricciones de uso para el agua. Las indicaciones sanitarias desestimaban su uso para el consumo, así como para otras actividades diarias como el ducharse, fregar los platos o cepillarse los dientes. Estas recomendaciones solo les permiten utilizar el agua corriente de sus casas para fregar el suelo o regar. "Evidentemente no estamos cumpliendo la restricción al 100%, no es viable ducharnos o fregar los platos con agua embotellada. Pero para el consumo sí que utilizamos agua embotellada", relata Iván Pla, uno de los vecinos afectados.

"Ya no es por comodidad, es por salud. Hay gente que está teniendo erupciones en la piel. No es totalmente demostrable que sea a causa del agua, pero tenemos un vecino que llegó hace un año y empezó a tener estos problemas", explica Pla. Desde el consistorio, insisten en que son conscientes de esta problemática, aunque destacan la complejidad para resolverla. El ayuntamiento, de hecho, realizó un estudio sobre las posibles alternativas para llevar el agua potable a los grifos del Carraixet, como hacerlo a través de tuberías desde la Torre de Lloris, una pedanía cercana, o desde la propia ciudad de Xàtiva. Estas, sin embargo, se rechazaron. "El coste sería inasumible", admiten desde la corporación municipal.

A tenor del elevado coste de estas propuestas, la administración local opta por comprarle el pozo al propietario. Su intención una vez adquirido es instalar una planta desnitrificadora que haga que el agua sea apta para su consumo. Esta opción no está exenta de dificultades, ya que la compra del pozo supone enzarzarse en una negociación complicada con el propietario. Por el momento, miembros del equipo de gobierno ya se han reunido con el propietario para estimar el valor del pozo y negociar su compra. Como medida de último recurso, están dispuestos a expropiar los terrenos. "No es una opción barata ni fácil, pero es asumible", cuentan fuentes municipales.

Fugas de agua, humedades e inundaciones

Otro de los focos de tensión entre los vecinos que les han llevado a la calle también está relacionado con el agua. En este caso, se trata de las fugas que sufre el depósito de agua de Sant Josep que abastece a gran parte del casco antiguo de la ciudad. Según relatan los vecinos de la zona, "es un depósito muy viejo que desde hace décadas no ha tenido mantenimiento, está agrietado y tiene continuas filtraciones". El mal estado de esta instalación provoca una situación continua de filtraciones en numerosas casas del casco antiguo. "Hay gente que ha tenido incluso que abandonar su vivienda", asegura Eduardo Cuñat, miembro de la asociación de vecinos.

Los afectados catalogan de "problema de salud pública" estas humedades, y señalan su impacto ecológico: "son miles y miles de litros los que se están perdiendo diariamente. De hecho, hay una comunidad de vecinos que han tenido que hacer un subpozo debajo del hueco del ascensor, y poner un par de bombas de agua para extraer el agua. Se trata de agua potable que se va tirando a la basura", explica Cuñat. A ello se suman las inundaciones esporádicas, un par de veces al año según concretan, que sufren algunas de estas viviendas. "Sobre todo en verano, cuando aumenta el consumo de agua. Al aumentar la presión el depósito no lo soporta y se desborda. Mi casa, por ejemplo, he llegado a tener un palmo de agua", relata.

La situación llegó a tal punto que una vecina afectada decidió llevar el problema a la justicia. En verano del año pasado, una sentencia le daba la razón y obligaba al ayuntamiento a llevar a cabo unas determinadas reparaciones. A pesar de que algunos de los vecinos sostienen que no se han realizado, el consistorio asegura que sí lo han hecho.

Aunque fuentes municipales reconocen que la solución es "compleja" y requiere de tiempo, inciden en que el presupuesto para este ejercicio ya recoge la inversión para reparar el depósito de Sant Josep. Los trabajos consisten en ampliar el túnel de acceso al depósito, picar la piedra y reparar los conductos que hay y poner unos nuevos y más grandes. "Con eso se espera que se acaben los problemas de fugas que pueda haber allí", explican fuentes municipales. Las cuentas de 2021 recogen esta inversión presupuestada en 50.000 euros, pero que, según el ayuntamiento, probablemente aumente a 60.000 euros.

Sin embargo, esta situación tampoco está exenta de trabas adicionales. A la complejidad de las obras se suma que, para empezar los trabajos deben acceder a la vivienda de un particular con una "situación personal complicada". "Hasta el momento no ha dado permiso y si, finalmente, sigue sin hacerlo, iremos por la vía contencioso-administrativa para obtener autorización para acceder a esa propiedad privada y hacer la reparación", argumentan desde la administración local. A la espera de una solución para un problema que se alarga en el tiempo, los vecinos protestan al grito de: "No vamos a parar, hasta que lo vengan a reparar".

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