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el cudolet / OPINIÓN

El "siempre polémico" 9 d’Octubre

10/10/2020 - 

No supe si sabría hasta pasadas unas horas de las manecillas del cudolet y tras cotejar la misiva con varios medios de comunicación, si la promo lanzada por la Dirección General de Promoción Institucional de la Generalitat, para conmemorar la festividad de la entrada de Jaume I al Cap i Casal, era certera, o por el contrario pertenecía a la fábrica de las fake news a la que nos tienen sometidos los apócrifos de turno. La voy a obviar. La noticia la mastiqué, la digerí y tras el empacho monumental de letras no pude digerirla bien. El texto no tenía desperdicio. Tras volver a releerlo en dos ocasiones, seguí sin poder conjugarlo ni asimilarlo. Lo retiraron de la circulación, dañaba la razón, sesgaba a la historia y maldecía a los propios valencianos.  Rectificar es de sabios. A veces los que intentamos pasar el rato escribiendo nos enredamos. En un primer momento pensé en el lío monumental que se hubiera organizado en la red, si hubiera salido la salve patriótica de un gobierno conservador o más a la derecha del ala principal del Palau. 

Escribir sobre el 9 d’ Octubre es un asunto espinoso. Cada valenciano-a lo festeja a su manera. Es muy lícito. Hasta los que interactúan ese día con el Mediterráneo para pegarse uno de los últimos chapuzones de la larga estación veraniega. No tengo muchos recuerdos de mi niñez de ir a secundar esta fiesta cortical del cristianismo, quizás por el momento bélico y tensionado que vivía la alta política y sociedad valenciana. Mi padre me mantuvo al margen de ella. Me protegió. Mi madre aún más, porque era gallega, comportándose hasta el final como una paisana más en su larga estancia en la ciudad. Gracias a la difusión de La Alquería Blanca ,Carmela empezó a sintetizar con el valenciano y a comprender a los nativos. Ella acabaría enganchándose a la serie sin hablar valenciano en la intimidad, pero siendo una más de la audiencia del extinto y liquidado Canal 9. 

En la adolescencia, la fiesta me despertó cierta curiosidad y mostré interés  acudiendo en más de una ocasión a la procesión cívica de la Real Señera. Me preguntaba cada vez que asistía por qué los reales valencianos en cierta sintonía y respeto con la historia la festejaban por la mañana, y los utópicos a un escenario no real la celebraban per la vesprada iniciando el recorrido en San Agustín “espacio democrático”A fecha de hoy sigo sin despejarlo. Tras el estallido bélico del 1-O, desafío catalán, que intentó sin consenso, unilateralmente, quebrar las reglas del juego, romper la unidad y convivencia de los ciudadanos de este país, me personé aquel 9 como simple espectador, en aquella extrema celebración, no dando crédito a los acontecimientos vistos que todos sabemos y conocimos con la virulencia que se desarrollaron. Desde ese fatídico y negro día acompañado por mi amigo Moshe, pasé a la reserva, interiorizando hasta hoy con el Mediterráneo mi particular fiesta secular. 

Soy un valenciano más, amo esta tierra, estimo esta ciudad coronada por las espinas del cristianismo y adoro a su gente. Valencianos somos, fuimos y seremos los que hemos contribuido con poco, aunque sea, a engrandecer su historia, y nadie tiene la legitimidad de ser emisor o expendedor del carnet de identidad valenciano. Por lo menos no creo que eso sea posible ni esté al alcance de la divinidad o de la realeza.  Desde hace un tiempo no soy muy propenso a secundar actos de índole político o religioso, por intentar ser lo más consecuente posible con uno mismo. Ni me prodigo en aplaudir gestas reales, ni conquistas, ni operaciones bélicas, más aún cuando desde que el Cónsul Décimo Junio Bruto contribuyó a colocar la primera piedra de lo que es hoy València, desde entonces, todos hemos sido valedores y participes de enriquecer la historia del pueblo valenciano. 

Respeto mucho este día por lo esencial que es para la espiritualidad de una Comunidad que está representada por amigos, conocidos y familiares, que sí celebran con mucho ímpetu, entusiasmo y euforia tal conquista. Y abrazo la iniciativa de la Generalitat por el sentido homenaje a Juan Genovés, uno de los nuestros, como actor principal del cartel de lista de la festa. Pero para mí la condición de valenciano, personal e intransferible, no solo radica a partir de la fecha en el calendario de 1238, sino mucho tiempo atrás viajando en el túnel de la historia incluso cuándo aún me tomaba, antes de postrarme en la butaca del cine en la avenida dónde reinaron las salas del séptimo arte o el Valencia CF, un sándwich y una birra en la ya desaparecida barra de la cervecería Zayyan, ubicada en la avenida del Antiguo Reino de Valencia. ¡Feliz Sant Donís, con retraso!

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