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¿Los toros no son cultura?

18/10/2021 - 

¿Como qué los toros no son cultura? Quien haya hecho esta afirmación no ha leído a Lorca, Alberti, Ortega y Gasset, Manuel Machado o Hemingway, no ha visto películas de Berlanga o Almodóvar, ni cuadros de Goya o Picasso, donde los toros y los toreros son héroes de esa acción.  Basta echar la vista atrás y ver los orígenes del toreo, allá por los años 2.000 a. C, nada menos, cuando en la isla de Creta tentaban al toro y luego lo saltaban con gran audacia y valentía. Son muy bellas las pinturas que lo representan en el palacio de Cnosos. De entonces a hoy ha evolucionado mucho, sin menospreciar aquellos inicios sagrados, y alabar a las actuales maneras taurinas.  

Basta observar la historia de España y encontrar bellos pasajes donde el arte del toreo es protagonista. La primera corrida narrada ocurrió en el año 1.128 en Saldaña (Palencia) durante la boda del Rey Alfonso VI de Castilla y Doña Berenguela. El cronista de aquel acontecimiento contó que “…en que casó Alfonso VI en Saldaña con Doña Berenguela la chica, hija del Conde de Barcelona, entre otras funciones hubo también fiestas de toros”. Se corrían los toros a caballo y a pie. Fue evolucionando y el toreo actual tiene sus bases en las modificaciones que en el siglo XVIII se hicieron en Sevilla cambiando la técnica y la estética.

Pero hay más. Es suficiente con fijarse en los pueblos y ciudades y ver que los toros forman parte de los festejos populares, que se toreaba en las plazas como la de Chinchón, Ocaña o incluso en la Plaza Mayor de Madrid.; también en cosos improvisados hasta que se construyeron las plazas de toros.

La tauromaquia forma parte de una de nuestras señas de identidad como Nación, aunque algunos quieran negarlo. Se olvidan que los toros son Patrimonio Cultural de España desde que se aprobó en el Senado en el año 2013. La ley que lo regula manifiesta que “la tauromaquia es cultura, comprendiendo otras facetas dignas de protección a parte del propio espectáculo, ya que comprende todo un conjunto de conocimientos y actividades artísticas, creativas y productivas, que van desde la crianza del toro a la confección de la indumentaria de los toreros, la música de las corridas, los diseños y la producción de carteles”. Ya se decía esto en el 2013 por medio de una ley: los toros son cultura. ¿Usted entiende que se niegue ahora?, porque yo no.

Desde el siglo XV se tiene conocimiento de una incipiente afición taurina alicantina. Permita que le cuente unos datos de interés sobre la tauromaquia en Alicante. El primer coso taurino se construyó en 1847 en el Raval de San Antón. Por su parte, la actual plaza de toros se inauguró en 1888. En 1905 se empezó a celebrar la Corrida de la Prensa. A partir de 1928 se creó la Feria Taurina de Las Hogueras de San Juan que, con el tiempo, es la más importante del año. En el coso alicantino tomaron la alternativa toreros oriundos como El Tino, Pacorro, Angel C. Carratalá, así como El caracol (de Almoradí) o El Renco (de Elda); y foráneos como Manolo Belmonte, Sebastián Cortés o Miguel Abellán. Muy buenas tardes de toros han dado la saga de los toreros alicantinos Esplá y Manzanares. Precisamente, este año se dedica a Jose María Manzanares (padre) para rememorar su arte en la lidia. “Probablemente ni Manzanares fue consciente de qué duende o bruja o mago le habían elegido para llevar hacia adelante la distinción de la seducción del toreo. Un talentoso dotado de un cuerpo parido para un vestido de luces y de un alma rebosante de talento para torear” en palabras de CRV (Opinión Mundo Toro 23.06.2021).

También hubo mujeres toreras dese el siglo XVIII, entre las que destacó Juanita Cruz en los años 30 del siglo pasado, no sin algunos problemas con las autoridades republicanas hasta que en 1934 se aprobó el toreo a pie por mujeres. Tuvo mucho éxito en Latinoamérica donde siguió ejerciendo su arte de torear cuando una ley franquista prohibió torear a las mujeres. A su vez, en 1974, la alicantina Ángela Hernández Gómez debutó como torera después de ganar en los tribunales el reconocimiento de este oficio. Fue un hito en la reivindicación de la mujer en la disciplina.  

Insisto. Quien haya manifestado que los toros no son cultura no ha tenido en cuenta, además, lo mucho que la tauromaquia ha aportado y aporta en España a la ecología y a la economía. Tengamos en cuenta que el toro bravo es un animal salvaje que no existiría sin la lidia. Se cría y se desarrolla en las dehesas corriendo y pastando a sus anchas por esas extensas parcelas de tierra y arbolado. Basta conocer unos datos para saber la magnitud de esta industria ganadera y del arte de torear. Genera más de 4.150 millones de euros al año, produce unos 54.000 puestos de trabajo fijos y un total de 200.000 anuales durante toda la temporada taurina, con cerca de 30 millones anuales de espectadores, según datos aportados por la Asociación Nacional de Organizadores de Espectáculos Taurinos (ANOET), superando cifras del cine o del teatro, dado el interés del público.

Toda esta polémica la ha producido el bono cultural que el Gobierno propone dar para los que cumplan los 18 años en 2022, unos 450.000 jóvenes, en las que hay incluidas varias actividades culturales de las que excluyen las corridas de toros al considerar que no lo son.

En España hemos pasado de la alabanza generalizada a las corridas de toros, a una crítica minoritaria, pero muy ruidosa, contra el arte de torear al toro bravo que genera inquietud e incertidumbre en la sociedad. Y con estas críticas, muchas infundadas, me gusta recordar lo que nos dijeron nuestros mayores a través del arte de la escritura o de la pintura. Pablo Picasso, además de pintar bellas escenas de corridas de toros y tener a este dibujado en muchos de sus cuadros, como el famoso Guernica, contó una vez que en España “se va a misa por la mañana y a los toros por la tarde”. Ya ve, es una costumbre y una afición arraigada en el pueblo. Por su parte, Rafael Alberti era un forofo de los toros y no paró hasta vestirse de luces, fue el 14 de julio de 1927, hizo el paseíllo con la cuadrilla de Sanchez Mejías en la plaza de toros de Pontevedra. La misma afición tenía Manuel Machado que dijo en una ocasión que le hubiera gustado ser un buen banderillero antes que poeta.

El arte de torear produce pasiones y ha conseguido convertir el entusiasmo del público en una gran y unitaria ovación. Ya lo decía Hemingway al afirmar que el “torero que es capaz de ejecutar con el toro hazañas extraordinarias, puede llevar al espectador a un intenso grado de emoción”. Y esta se multiplica con los matadores que se llevan la gloria si esa tarde consiguen una memorable faena. La fascinación por ese momento hizo a Ortega y Gasset manifestar que “hubiera cambiado mi fama por la gloria que solo es dable a los matadores de toros”.  Recojo aquí sólo algunas de estas manifestaciones, y no de otros muchos para no alargar demasiado esta lista de personajes enamorados con las corridas de toros y el arte de torear.

Termino con una manifestación que resume lo aquí dicho. “El toreo es probablemente la riqueza poética y vital de España. Creo que los toros son la fiesta más culta que hay en el mundo”, en palabras del poeta Federico García Lorca. Pues eso.

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