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el muro / OPINIÓN

Nuevas realidades

Foto: Kike Taberner
28/08/2022 - 

Somos una sociedad de promesas y olvidos. Cada cuatro años nos azotan la memoria con un montón de proyectos y promesas que, o bien se dejan sin cumplir o se abandonan sin terminar después de un gasto. Hay otros que simplemente se modifican si cambian las caras. No se parte de idearios sólidos y cerrados para una ciudad sino que muchas veces se actúa sobre la marcha modificando iniciativas.

Por ejemplo, mi céntrico barrio, o mejor dicho los alrededores de mi vivienda particular, ha cambiado tanto de aspecto en dos meses por unas obras que no se terminan que cuando vuelvan algunos de sus vacaciones estivales no lo van a reconocer. Se fueron con un paisaje y volverán con otro. No seré yo quien critique en sí mismo el proyecto en torno a la plaza Obispo Amigó, pero sí que me he enterado de su desarrollo y ejecución preguntando a los operarios y otros vecinos incrédulos. No teníamos ni idea. Como tampoco, por ejemplo, la propia comisión fallera de la zona a la que le han recortado el espacio físico del monumento ya encargado, pero sin comentárselo. Así que veremos qué hacen ahora. De repente, han eliminado una enormidad de plazas de aparcamiento y carriles de circulación. Hay que ver la manía que tienen algunos con el tráfico rodado. Para muchos la plaza se ha quedado a medias.

Será cuestión de acostumbrarse. Porque con el paso del tiempo todos nos acostumbramos de nuevo a nuestro entorno, aunque eso sí, nos queda el derecho al pataleo.

Foto: Kike Taberner

A mí no me preocupa que se cambie la ciudad y se le dé un aire nuevo. Al contrario. Lo que me molesta es que no me avisen y den mi  autorización por sentado o se trate del capricho de un político de turno. Creía que cuando un grupo municipal entraba a gobernar lo hacía con proyectos cerrados y consolidados. Sería lo normal, pero no ir a salto de mata y con ocurrencias, aunque luego los resultados sean del todo beneficiosos. O al menos el tiempo les dé algo de razón. Eso siempre está por ver.

Lo que me preocupa o me duele es el sinsentido de actuaciones que tal como se anuncian se abandonan después de una inversión social.

Si efectuáramos un recuento de las decenas de proyectos en los que en los últimos cinco lustros se han destinado grandes inversiones para acabar muertos y no han pasado de promesas, nos asustaríamos. Si sumáramos las cantidades derrochadas, nos echaríamos a temblar. No voy a entrar en proyectos que se salen de nuestras fronteras políticas o territoriales. Sólo con mirar un poquito hacia dentro ya tenemos bastante.

Por ejemplo ¿qué fue de la Ciudad del Teatro que se llevó unos cuantos “kilos” y cuya nave principal este gobierno autonómico iba a convertir en el paradigma del ocio universal? O de aquel balneario termal en Torrevieja que se quedó en un armazón abandonado hecho por un Pritzer. Por no hablar de esa denominada Sociópolis en la ladera sur del cauce del nuevo Turia que luce en forma de hormigón pero sin vida. ¿Se acuerdan de la ampliación del IVAM? Pues allí nos dejamos cinco millones en un proyecto con forma de maqueta y otros tantos en expropiaciones forzosas convertidas hoy en un supuesto jardín de esculturas que nadie atiende y menos preserva. ¿Veremos algún día la supuesta subsede del mismo museo en el Parque Central? Lo dudo. Son sólo algunos ejemplos de palabrería institucional que únicamente sirven para una foto pero que se presentan sin proyecto, documentos ni memoria económica. Lustros hemos esperado para ver realizada la pacificación de la Plaza de la Reina.

Foto: KIKE TABERNER

A primeros de la década de los noventa del siglo pasado me vi subido a un tren que inauguraba un servicio que unía Barcelona con Zurich. Un amigo recuerda aquella experiencia como una secuencia de “Primera Plana”. En aquel viaje nos acompañaba el entonces ministro de Obras Públicas. En unas horas de delirio y frente a un grupo de periodistas, el ministro nos explicó el proyecto del soterramiento de las vías que dan acceso a Valencia. Cifró aquel proyecto en 180 millones de euros. Transcurridos treinta años, hace unos días nos hablaban de un nuevo/mismo proyecto con la diferencia de que este supuestamente se acabaría en 2027 y nos costará, si nada deja de subir, en 500 millones. La diferencia económica hoy es abismal. No sé si lo veremos terminado o será otra de esas promesas interminables e irrealizables que se sacan del cajón para abrir debates y ocultar otras realidades.

Nos hablan de una reforestación urbana de no sé cuántos miles de nuevos árboles cuando tenemos abandonados  y muy descuidados los que ya nos acompañan. Nos dicen que el soterramiento de las vías servirá para crear avenidas de seis carriles de tráfico ¿En qué quedamos? No queremos tráfico rodado pero nos prometen bulevares de alto riesgo. Como si fuéramos Phoenix o Los Ángeles, ciudades cruzadas por freeways múltiples  y en las que las bicicletas no funcionan.

Un servidor cree en los modelos de ciudad, pero no en distorsión de ciudades según el político de turno, no siempre dechados de inteligencia y previsiones. Metrópolis que no guardan identidad ni conexión estética de una plaza a otra.

Una ciudad se construye a base de grandes consensos políticos y diseño global. Pero por aquí nos va más dejar las cosas a medias o inacabadas, según el de turno. Y prohibir y multar a través del Gran Hermano que todo lo observa desde una cámara. A la vista está.

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