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opinión

El BCE está lejos de poner fin a su política expansiva

El analista explica que estamos al inicio de la posible recuperación y no continuar con las directrices marcadas podría provocar una crisis todavía más profunda

20/07/2020 - 

MADRID. Esta crisis ha puesto encima de la mesa que Europa -con un estado de bienestar más fuerte que otras zonas geográficas y un sistema de salud muy robusto- ha conseguido salir de la primera ola de la epidemia de una manera mucho más eficiente que otras zonas geográficas. 

Todo ello mientras que parece que los meses de sacrificio que ha sufrido la ciudadanía por el confinamiento han dado sus frutos. Esta circunstancia ha provocado que la economía europea vaya mejorando -y aunque actualmente nos encontramos económicamente en una recesión muy pronunciada- están funcionando los mecanismos de control para que no nos lleven de nuevo a un encierro y con ello posibilitar a que no haya un nuevo frenazo en seco en la actividad económica.

Las ayudas se siguen sucediendo en toda Europa para amortiguar el golpe que ha ocasionado esta crisis en el mercado laboral, con subvenciones y evitando que las empresas hayan tenido que despedir a empleados para luego en una nueva normalidad contratarlos de nuevo. Tal hecho supondría un sobrecoste que impactaría de manera muy negativa en las ya maltrechas cuentas corporativas. Este esfuerzo estatal se debe de llevar a cabo con un filtro para saber si el apoyo de liquidez que están otorgando va de manera eficiente a empresas que aún tienen salvación o el contrario lo están recibiendo compañías abocadas al fracaso.

Christine Lagarde, presidenta del BCE
El problema para Europa es que los planes de subvenciones pueden llegar a proporcionar incentivos perversos para empresas y trabajadores. Y todo lo que se prolongue el proceso de ayudas ocasionará un mayor retraso en los ajustes de personal o en el cambio de modelos de negocio. Los gobiernos centrales deberían unir a estas ayudas un plan de actuación de políticas activas para fomentar el empleo. Además de pensar en cualificar de una manera óptima a aquellas personas que puedan quedarse sin empleo cuando las ayudas desaparezcan. Los gobiernos han estado al servicio del ciudadano y han conseguido frenar una situación muy delicada, por lo que hay que valorarlos de manera muy positiva. Sin embargo, estas medidas no son sostenibles en el largo plazo.

Ante esta situación, muchos banqueros centrales ya se están planteando cuando empezar a retirar las medidas de estímulos. No obstante, una celeridad en la retirada de medidas podría ocasionar un efecto totalmente contrario al deseado y, por el momento, parece que el BCE seguirá apoyando la economía, estando incluso dispuesto a hacer más si es que la zona euro lo necesitara. Estamos al inicio de la posible recuperación y no continuar con las directrices marcadas podría provocar una crisis aún más profunda; más si cabe cuando temas tan importantes como la respuesta fiscal conjunta aún están en pañales, De ahí que la cautela y el estudio de los planes del BCE serán claves.

A contener los rebrotes

También es determinante que Europa utilice los cierres inteligentes como lo está haciendo hasta ahora. Si maneja de una manera eficiente la contención de los rebrotes ocasiona unos beneficios económicos y sociales extraordinarios. Para ello es crucial la colaboración de todos los ciudadanos del continente y un trabajo mucho más eficiente por parte del sector público, que debería esforzarse en los cierres selectivos y aplicar medidas mucho más duras en las zonas conflictivas. Aun en estas circunstancias, este tipo de medidas podría no ser suficiente si hay una segunda ola y si esta se da sin haber llegado la vacuna.

Las opiniones son discutidas y muchos apoyan la idea de que el BCE no utilice todo el tamaño de su programa de compras; pero el discurso de Lagarde es claro porque los tiempos extraordinarios requieren acciones extraordinarias y el plan de estímulo monetario aun este lejos de llegar a su fin.

Jorge López es analista de XTB

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