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desayuno en la gñocca del pirata

La vida pirata es la vida mejor

«Para mí el mar es un milagro continuo, los peces que nadan, las rocas, el movimiento de las olas, los barcos y sus navegantes. ¿Es que existen milagros más extraños?», escribió Walt Whitman una vez

Por | 29/06/2018 | 3 min, 25 seg

Para mi (y hablo en mi nombre) esta ciudad es un suceso constante, las gentes que transitan, los naranjos, las sombras luminosas de la luz dorada que la baña, los lugares singulares y los seres extraordinarios que los habitan. ¿Existe un lugar mejor que aquel que es uno solo y todos los lugares a la vez?

Cuando Andrea salía a la terraza del restaurante en el que trabajaba en Santa Margarita Ligure, el bello enclave próximo a Portofino, los niños le observaban en silencio con los ojos bien abiertos. «Il pirata», susurraba alguno de ellos deslumbrado ante su altura, el pelo largo recogido en una cola, el aro en la oreja y la prótesis brillante de la pierna. Él los miraba un segundo y sonreía sabiéndose protagonista de la aventura que aquellos chicos estaban imaginando en su cabeza. Varios años después Andrea hace su regia aparición cada mañana en el local fascinante que regenta junto a su mujer Bárbara en la Calle del Verger desde el año 2011. Yo lo veo y me cuadro con los pies separados y los brazos en jarras por si se presenta una buena batalla y me tengo que hacer pasar por Peter (Pan). Levad las anclas, hoy desayuno en La gñocca del Pirata.

Focaccia de Liguria

Otra semejanza entre el lugar y el mundo de los piratas es que las cosas en la gñocca son diferentes, al igual que en el País de Nunca Jamás. Para empezar el pan no es comprado, sino que Andrea se levanta cada mañana para preparar pan normal e integral modalidad focaccia. «Tiene más agua, más aceite y más sal que el pan. El Liguria se toma la foccacia con dulce y con salado», explica. El café que allí se sirve tampoco es como los demás. Lo compra en Sicilia y la espuma que hace es tan densa que se puede cortar en dos con la punta de una espada. Cada uno de los cafés o infusiones viene acompañado por unos pequeños bizcochos tan jugosos como una barba que Andrea prepara cada mañana y adereza con chocolate, con coco o con almendras, según pegue el viento. Yo pido focaccina de jamón york y queso con tomate, zumo de naranja y un trozo de tarta de pera. Todo sobresaliente, no en vano cada producto lo escoge de manera minuciosa entre proveedores italianos o lo compra en el Mercado Central.

Shakerato helado

Cuando hace calor en la cocina preparan Shakerato, una bebida fría que lleva café, agua, azúcar y a veces, cuando el capitán no está de guardia, Baileys. En esa isla ubicada junto al Parterre se huye como de la peste de dos pecados capitales que atentan contra la “italianidad” genuina: la salsa carbonara jamás se hace con nata y la boloñesa no se ofrece a diario, algo que sería considerado una vulgaridad. Cada día sale del horno de esa nave anclada a tierra alguna tarta ejecutada con cariño que puede ser de pera, de manzana o de chocolate. También se hace crostata de mermelada o de Nutella y a mediodía tiramisú.

En La gñocca del Pirata la convivencia es similar a la que establecen los miembros de la misma tripulación, respeto mezclado con camaradería y la atmósfera relajada de aquellos no habituados a las prisas. La fidelidad de los marineros queda recompensada con una tarjeta personalizada en la que, cada vez que desayunas te graban un sello como en un mapa del tesoro y, una vez conseguidas nueve estampas, uno es convidado al siguiente desayuno.

Camaradas, a mi estas cosas pequeñas son las que me llenan de gozo verdadero.

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