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diseño para el pensamiento

Los últimos mil años del diseño valenciano

No es casualidad que València haya sido designada Capital Mundial del Diseño, y es que nueve siglos avalan el hito recientemente logrado.

11/11/2019 - 

VALÈNCIA. Con todo esto de la candidatura para convertir a la ciudad de València en Capital Mundial del Diseño, lo que realmente buscábamos era generar un proyecto ilusionante por sí mismo, un proyecto que contribuyese a la mejora de la autoestima de las valencianas y los valencianos que por esta idiosincrasia nuestra del meninfotisme y ese carácter tan fallero de quemar las cosas para empezar de cero de nuevo no habíamos sabido dejar por escrito o narrar con cierto atractivo la historia del diseño valenciano.

Puede sonar exagerado, pero el Siglo de Oro de las letras valencianas podría haberlo sido también del diseño valenciano si hubiese existido tal nombre o tal confianza en nosotros mismos hace quinientos años, porque el ingenio valenciano no se quedó en la literatura y fácilmente saltó a otras artes y disciplinas a lo largo de los siglos.

Hemos repasado otras veces las últimas tres o cuatro décadas de diseño valenciano, pero cada vez estoy más convencido de que la Capitalidad Mundial del Diseño que València ha conseguido para 2022 viene de unos novecientos años atrás. Novecientos, sí. Y es que si retrocedemos casi mil años, a mediados del siglo XII, un geógrafo árabe cita de Xàtiva sus castillos y su fábrica de papel. Una fábrica de papel alrededor del año 1150, ¡la primera en Europa! Germen de lo que ocurriría los siguientes tres siglos cuando por la elaboración de papel y toda la tradición surgida en la zona se fueron instalando comerciantes alemanes uno de los cuales, ya el siglo XV monta su taller en el Portal de Valldigna de València y es en esta imprenta del centro de la ciudad en la que el maestro Lambert Palmart imprimió en 1474 el primer libro en España, Trobes en lahors de la Verge María.

Con el contexto de esa primera fábrica de papel en Europa y de ese primer libro impreso en España es más fácil entender la evolución que llevó a los cartelistas del siglo pasado, a Dubón, Segrelles o Renau, pero también a los Ibán Ramón, Yinsen o Dídac Ballester de nuestros días. De aquellos polvos, estos lodos.

Volviendo a esa idea del Siglo de Oro del diseño valenciano, debemos entender que la industria de la imprenta tuvo gran culpa del esplendor a partir del siglo XIV y todo el desarrollo sociocultural del Regne de València hasta el siglo XVI, casi en paralelo al florecer de otra industria, la de la cerámica, que se vió moldeada por el paso de la historia a lo largo del mundo del arte a partir de una herencia árabe plasmada en un estilo mudéjar que terminaría dotando a la arcilla de la zona de Manises de unos típicos tonos dorados y azules con los que la identificamos. Es tal la importancia y herencia de la cerámica en València que el Museo Nacional no se encuentra en Madrid sino en la capital valenciana, en el Palacio del Marqués de Dos Aguas.

Y resulta muy interesante cómo en los últimos años lo más innovador en el campo de la cerámica ha resurgido precisamente desde Manises y frente a un torno, con el ceramista Juan Carlos Iñesta, Premio Nacional de Cerámica, como uno de los máximos exponentes de esta vuelta a los orígenes para reinterpretar y dar la vuelta a las posibilidades que ofrecen las técnicas más ancestrales a partir del barro. Por no hablar de Ana Illueca, otra valenciana que desde su taller y su torno ofrece una vuelta a los orígenes para, desde el diseño, redescubrir colecciones de platos o piezas cerámicas recuperando las raíces de la cerámica valenciana.

Volviendo al siglo XV, fue entonces cuando la Ruta de la Seda, aquella red comercial en torno al negocio de la seda china, llega a este lado del Mediterráneo, y con ello suede el trasvase de otros conocimientos y mercancías desde la medicina, las culturas orientales o la porcelana. Es el momento clave para la industria de la seda en València, cuando en el barrio de Velluters (del valenciano “vellut” que significa terciopelo) surgen hasta cinco mil talleres de los que vivía la mitad de la población de la ciudad.

Desde esa maravilla del gótico civil mediterráneo que es la Lonja de los Mercaderes se marcaban los precios de la seda para el resto del mundo, y fue declarada en 1996 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Por no hablar de otro célebre edificio, hoy día restaurado, el Colegio del Arte Mayor de la Seda, antes abandonado y ahora de visita obligada. La seda y València marcan probablemente otro punto clave en la historia del diseño contemporáneo llegando a influir en la aparición de maestros de la moda como Francis Montesinos o los jóvenes Estudio Savage.

Salto de industria hasta la primera exportación de cítricos documentada, algo que ocurre en Sagunt en 1717 y es el arranque de cien o doscientos años en los que la intuición llevó a empresarios de la naranja a utilizar el diseño para posicionar sus productos, crearon marcas, les daban identidad gráfica mediante ilustradores demostrando así cómo el diseño favorecía la internacionalización y a la competitividad. Y así fue como la industria de la naranja valenciana fue una de las pioneras en el uso de marcas comerciales y de diseño para expandirse fuera de España.

Y todas aquellas etiquetas naranjeras que a su vez crecen a la sombra de la industria de la imprenta que comentábamos al principio, han dado pie hoy en la Comunitat Valenciana a algunas de las generaciones de ilustradoras e ilustradores que más admiración despiertan en el extranjero.

Otro fruto o legado de estos siglos y siglos de creatividad valenciana alrededor del sector industrial ha sido la presencia valenciana en los Premios Nacionales de Diseño, galardones que desde 1995 que son entregados a Dani Nebot hasta la edición más reciente que es la de 2017 a la empresa ACTIU han recaído en valencianos en un total de ocho ocasiones.

Es una forma rápida de repasar nueve siglos en un par de saltos y desde el prisma formado por estas tres o cuatro industrias que fueron surgiendo por la Comunitat Valenciana y que sin duda fueron dando forma a lo que hoy día conocemos como diseño valenciano.

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