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La nave de los locos / OPINIÓN

Mi lucha

Elegí un mal mes para descansar. Con el verano iniciado sigo picando piedra, como tanta gente. La suerte me ha dado la espalda. Me multan los policías del ‘iaio’ Ribó; Hacienda me amenaza con dos expedientes; la ITV no la paso porque mi coche es viejo y contaminante… Esta es mi lucha, la obstinación de quien aún no se ha rendido

15/07/2019 - 

Viernes por la tarde a finales de junio. Circulo feliz porque comienza el fin de semana. Llevo la música muy alta. Escucho el tema Enchochado de ti de Don Patricio. Voy más rápido de lo que debiera. Antes de darme cuenta me topo con un control de la Policía local, cerca de la avenida Ausiàs March, en València. Un agente me da el alto.

—¿Me enseña la documentación, por favor?

Después de mucho rebuscar encuentro el permiso de circulación en la guantera. El seguro no lo quiere. En cambio, me pide el DNI.

—No ha pasado la ITV.

Pongo cara de circunstancias y busco una excusa peregrina, la primera que se me viene a la cabeza, para convencerle de mi buena voluntad.

El amable agente se compadece de mí y me deja marchar. Pero antes me advierte:

—Busque mañana un sitio para pasar la ITV. València está llena de controles de policía.

Su aviso era cierto. Manejaba información privilegiada. Al martes siguiente, en una avenida próxima a la Ciudad de las Artes, me encuentro otro control policial. Me pongo nervioso y lo advierten. En la radio ponen Mía de Bad Bunny. Me hacen detener el vehículo.

—Documentación.

Esta vez el agente no es simpático ni agradable. 

—¿Ha bebido?

Le digo que no.

Insiste:

—Míreme a los ojos.

Me quito las gafas y cruzo la mirada con la suya, de un azul otoñal como la mía. Me siento como Romario en su encontronazo con Luis Aragonés

Me pide la documentación.

—No ha pasado la ITV.

En esta ocasión la excusa no me sirve de nada. Me multa con 200 euros y se olvida de mí. Será un joven agente el que me entregue la denuncia. Al ver mi cara de consternación, se disculpa diciéndome que lo hacen por mi bien porque si tengo un accidente, la aseguradora se lavará las manos con una ITV caducada.

La ITV me sale desfavorable

Hasta que encuentro una tarde libre para pasar la ITV, viajo al trabajo en metro. Me siento más seguro. Por fin me decido. En julio no queda una sola hora libre para pedir cita previa. Hay que hacer cola. Una hora de espera, bajo un sol que quema. Me atiende un joven muy flaco con un aro en cada oreja. Me tutea en valenciano. La ITV me sale desfavorable. Hay que joderse. Mi vehículo sobrepasa el límite de emisión de gases contaminantes, que se ha endurecido. Mi verdadero problema es que no tengo pasta para comprarme un coche eléctrico que respete la salud del planeta Tierra.

—¿Y ahora qué hago?

—No es mi problema —me contesta.

Después de insistir me recomienda ir a un taller, donde le pondrán un líquido a mi coche para trucar el motor y así pasar la segunda inspección. En el taller me reciben con los brazos abiertos. No soy el primer cliente que les llega con esta cantinela. El dueño se ofrece a arreglármelo por 100 euros.

—Pero me los pagas en efectivo —puntualiza.

—¿En efectivo? —pregunto, asombrado.

—Sí, porque si te hago factura te toca pagar el IVA.

¡Eso sí que no! Pongo cara de ofendido y le digo que con quién se cree que está tratando, que yo soy un honrado ciudadano que paga todos sus impuestos, y tal y tal. Lo hago con tal convicción, pongo tanto ardor en mis palabras, que me pide sinceras disculpas. Al marcharme del taller, me río por la bajini.

La ITV, por supuesto, resulta favorable. Mi coche seguirá contaminando igual, aunque en mi bolsillo dispongo de 100 euros menos.

Al salir de la delegación de Hacienda, me acuerdo de Montero y Montoro, tanto monta monta tanto, los dos amamantados con la misma leche socialdemócrata

En el buzón de casa tengo una segunda notificación de Hacienda. Me acerco a su sede en la plaza del Ayuntamiento de València. Me atiende una funcionaria que no me devuelve el saludo y que también me tutea. No les basta con esquilmarnos para sostener su Sacrosanto Estado Autonómico y del Bienestar. Ahora van más allá  negándonos un trato de respeto, el que se deriva del uso del usted.

Al salir de las oficinas, bajo la mirada burlona de dos vigilantes, me acuerdo de Montero y Montoro, tanto monta monta tanto, los dos amamantados con la misma leche socialdemócrata. La prensa informa de que el nuevo Consell tendrá ¡253 altos cargos y asesores! Y el iaio Ribó, que se piensa subir el sueldo como otros alcaldes peninsulares, contrata a asesores a precio de oro.

Por si fuera poco lo sucedido con Hacienda, cada día me someto a la extenuante e ingrata tarea de ser ojeador de profesores. Tengo que seleccionar a los mejores, eso me dicen, para la próxima temporada educativa. ¡Pobres de aquellos que sean elegidos para tal menester!

Nos queda Marina Beach

Menos mal que nos queda Marina Beach en amorosa compañía. Allí me dejo caer un viernes por la tarde. Busco escuchar algo de house para relajarme. Es mi descanso del guerrero. Como vengo del interior, me gusta codearme con pijos del Eixample e italianos tatuados hasta el cuello. Es hermoso ver cómo anochece en la Malvarrosa, rodeado de chicas con shorts y camisetas ajustadas de tirantes. Me prohíbo mirarlas porque me hacen sentir viejo.

Al día siguiente viajamos a Bocairent y Banyeres de Mariola para alejarnos del mundanal ruido. En Bocairent, por primera vez en mi vida, veo a una cabra montesa. Se está comiendo la vegetación de toda la comarca. A su lado dos burros menean felices el rabo. En Banyeres parece que están de fiestas. Unos muchachos juegan a la pilota valenciana en la calle La Cruz. Algunos balcones están decorados con unas telas pintadas que ilustran poemas, como parte de la exposición Paraules contades. Rara belleza que no me esperaba. Por un momento me olvido de mi combate contra el Estado español opresor (¿se dice así, amigos catalanes?).

Baroja lo llamó la lucha por la vida recogiendo la idea de Heráclito, que dejó escrito que la vida es contienda, lucha hasta el final de la existencia. Pero luchar no tiene nada de heroico y acaba cansando cuando te enfrentas a un enemigo poderoso (el Estado cleptómano), que siempre gana. Y yo no tengo nada de don Quijote. Como don Pío, he acabado siendo un anarquista de derechas.

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